16/05/12
Su Viaje, Don Mario ha sido muy largo
Mil noventa y cinco días, vate
y yo sigo esperando su regreso.
¿Que le voy a hacer si lo extraño tanto, maestro?
¿A qué hora nos dice en que avión,
en que asiento de clase turista
y a que aeropuerto hay que ir a recibirlo?
Ya son tres años, Don Mario,
para broma estuvo bueno,
para exilio es bastante
y para viaje ya está sobrado...
Su viaje, Don Mario, ha sido muy largo
yo sé que se fue a un lugar mejor
que de este mundo que se saca el corazón a palos
se está riendo a carcajadas
pero no dude en volver,
mire que estamos jodidos, radiantes, viceversados
y dicho en palabras simples, lo extrañamos.
¿Qué le escribo?
Me dan ganas de recordarle sus poemas
cada uno
cada renglón
cada letra
para que entienda por que es usted imprescindible
y se anime a quitar la lápida
y reventar el Cementerio de Montevideo a punta de versos añejos...
Su viaje, Don Mario, ha sido muy largo,
porque se llevó consigo los renglones del poema nuestro de cada día
y ya son mil noventa y cinco poemas no escritos
son todos esos días pasando hambre sin el verso preciso...
Le quiero gritar al ras de ese ataúd de madera oscura
que lo necesito
que usted al tercer año debería resucitar de entre los poetas muertos
para cantarle al mundo una de esas canciones que lo hacen girar un poco...
Regrese, Don Mario
acá hay un lugar del tamaño de su ausencia
con un mate caliente
un libro inconcluso
y la pluma afilada...
Tengo que decirle
que hay unos más cuerdos y menos indispensables
que insisten en recordar su muerte
y que a cada número le ponen año
y a cada año le suman otro
y que publican en la página doce que son tres años de su muerte...
Yo ya les dije que es cuestión de tiempo
que su viaje es largo
pero no interminable
porque los poetas no se mueren cuando son necesarios...
Su viaje, Don Mario, ha sido muy largo...
... mientras nos avisa la parada del autobús en que hay que ir a recogerle
voy a leer sus poemas de la oficina aderezados con los de hoy por hoy
salpimentados con sus letras de emergencia
y por supuesto, una vez más, la Tregua
que deshojada sigue declarando la guerra al que olvida.
Su viaje, Don Mario, ha sido muy largo.
¿Que tal si de pronto regresa
y nos olvidamos de esas nimiedades de su muerte.
Mayo 17, 2012.
®Andrés Castuera-Micher
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10/05/12
Hoy les voy a compartir a mi madre
Hoy les voy a compartir a mi madre
porque tengo mamá de sobra
porque tengo mucha madre...
Yo me la quedo del 11 al 9 de Mayo
el 10, se las presto...
A quienes necesiten
guardar un secreto
les presto el alma de mi madre
que guarda cientos, miles
cómo si guardara sólo uno..
A quien esté desesperada
le puedo prestar los oídos de mi madre
son enormes
y pueden escuchar veinte voces a la vez
y responder a cada una
plenamente...
cómo si tuviera las palabras perfectas...
y hablando de palabras
a quienes no tendrán hoy una de consuelo,
les presto la boca de mi madre
que dice las cosas con el tono adecuado
en el momento necesario...
hoy, les presto el corazón de mi madre
para que nadie se sienta solo
para que no haya tristeza en este día
para que todas y todos se sientan hijos
de una madre extraordinaria...
El abrazo de mi madre
se lo presto hoy a los desconsolados
a los que están lejos de casa
para que sientan el calor
que a mí
me ha quitado el frío de por vida...
Las manos de mi madre
van para quien no se pueda levantar
para quienes requieren de esa palmada en la espalda
que sólo mi madre sabe dar sin lastimar
y de forma incondicional.
Pero mañana
les pido devuelvan cada trozo de madre
porque la voy a necesitar
cómo la he necesitado siempre...
hoy,
hoy se las presto
porque tengo mucha madre...
Mayo, 10, 2012.
®Andrés Castuera-Micher
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08/05/12
¿Sabes algo de Mariana? Crónica décimo primera
¿Sabes algo de Mariana?
Yo sé que tiene las manos partidas por el cloro, el jabón, las fibras, los trapos, los pisos, los muebles, los vidrios, el cochambre el polvo y la edad...
Y el corazón, aunque nadie lo ve y a nadie parece interesarle, también lo tiene partido...
Ahora tiene setenta y tres años, casi no ve, camina encorvada y los domingos ha dejado de salir, en su pueblo han muerto varios hermanos, amigos... sus padres desde hace mucho, pero ella a penas podría reconocer la calle principal de aquel rincón de Oaxaca, porque hace más de cincuenta años y doce parientes muertos que no ha ido...
Cuando Mariana tocó el timbre de aquella puerta enorme de madera, tenía quince años, los ojos brillantes, la carne morena y firme, la caderas afiladas, el cabello largo, el español confundido con su natal mixe y también tenía miedo...
Doña Susana abrió la puerta y miró con desprecio, cómo lo haría hasta el día de su muerte a la "indita" con su falda café hasta los talones y su blusa tejida de manta, Mariana le sonrío mostrando sus dientes chuecos pero blancos...
Mariana nunca supo que su vida cambiaría de una vez y para siempre...
Doña Susana le mostró su pequeño cuarto en la azotea y la enorme casa que tendría que limpiar, barrer, sacudir y trapear diariamente por mil doscientos pesos al mes además de lavar los trastes, y los dos autos enormes, preparar el desayuno, la comida, la cena para los tres hijos y la cena para Don Gustavo, sacar a pasear los dos enormes y fieros perros, arreglar los dos patios y el jardín, planchar y doblar la ropa...
Mariana aceptó y de inmediato cambió su blusa y falda por un uniforme de rayas rosas y blancas con delantal blanco que de inmediato sería descontado de su primer salario...
El primer salario de Mariana tardó más de tres meses, los domingos no pudo salir por falta de dinero pero tampoco podía andar por la casa a menos que cooperará con los trabajos dominicales...
Doña Susana le enseñó a cocinar a base de gritos, quemaduras, (algunas graves) y golpes por tirar la jarra, y romper algunos platos que también fueron descontados...
De los tres hijos, uno de ellos, Gustavito, al que llamaba el patroncito, se dedicaría por muchos años a hacerle la vida imposible, cuando no le pegaba, le escupía, le llenaba los trastes de lodo y tierra y se burlaba del poco español de Mariana...
Cuando llevaba a sus amiguitos de la secundaria, amarraban a Mariana para levantarle la falda del uniforme y verle los calzones y tocarle las piernas y los senos...
Doña Susana por supuesto nunca creyó las historias que medio entendía de Mariana y en varias ocasiones la encerró por mentirosa...
Cuando Mariana podía salir los domingos, el poco dinero que tenía se le iba en los pasajes al metro Chapultepec y en tres ocasiones se perdió por lo que llegó tarde el Lunes por la mañana, lo que la tuvo sin salir por un mes, y así, sucesivamente, los paseos de Mariana se redujeron a salir una vez al mes, con la esperanza de ahorrar para ir a ver a sus padres al pueblo...
Mariana no regresaría al pueblo, pero ella no lo sabía...
Don Gustavo solía gritar a Mariana por cada tortilla fría, por cada cajón mal cerrado, por las revistas fuera de lugar, por los perros sucios o las manchas en el parabrisas de su auto...
Se acabaron las navidades para Mariana, se acabaron los años nuevos...
Pasó el tiempo y el patroncito comenzó sus lecciones de anatomía en solitario con Mariana, hasta quitarle un día los calzones, el uniforme y toda la ropa interior...
Mariana trató de evitarlo pero el patroncito le quitó todo su dinero y prometió dárselo el día que se dejara tocar todita, sin ropa...
Las palizas de Doña Susana ya no le dolían...
Mariana llegó a sus veintiseis años con un español a medio hablar, sin saber leer o escribir más allá de los pedidos de la tienda y sin regresar a su pueblo...
El patroncito ya tiene diecisiete y el dinero que le quitó a Mariana aquella noche lo gastó con sus amigos en la cafetería de la escuela, apenas alcanzó para cuatro papas a la francesa y dos seven up de medio litro... pero era el sueño de Mariana de poder ir a Chiquihutlán...
Doña Susana y Don Gustavo se fueron todo aquel fin de semana, la tía Samantha no llegó sino hasta el sábado a cuidar a sus sobrinos.... el patroncito subió al cuarto de Mariana y esta vez la tocó completa, le besó la piel morena y cuando Mariana despertó no pudo hacer mucho, los golpes fueron suficientes para acabar con su resistencia.. el patroncito la penetró, era la primera vez para ambos, pero sólo uno lo estaba disfrutando... Mariana no conoció el amor antes de conocer el dolor de una violación que se repetiría por muchas noches ante la amenaza de ir a Oaxaca a matar su mamá si decía algo a Doña Susana...
El día que el patroncito se casó, Mariana por fin sonrío después de seis años de dormir con miedo y amanecer con sangre en las sábanas...
Mariana perdió dos hijos del patroncito.... Él mismo fué quien llevó a aquella señora a practicar una especia de aborto chamánico a base de hierbas y agujas...
Si Mariana lo hubiera deseado, nunca hubiera podido tener hijos de nuevo...
Mariana a sus cuarenta sigue ganando el mismo sueldo, al menos ya no le cobran los platos.
Don Gustavo se fue de la casa y Mariana se volvió el paño de lágrimas de Doña Susana por las noches pero el saco de boxeo de sus arranques durante el día...
Una navidad el patroncito fue con su esposa y su bebé a la cena, pero no dejo de ver las piernas de Mariana y aquella noche, regresaron las pesadillas...
Mariana enfermó gravemente...
El doctor fue a casa de Doña Susana tres semanas después cuando apenas podía caminar...
Las medicinas fueron descontadas de su salario durante años...
Mariana fue la mejor enfermera para Doña Susana cuando fue la patrona la enferma principal.
Hoy Mariana está haciendo sus maletas casi ciega, casi coja...
Doña Susana ha muerto, la casa ha sido vendida con Mariana dentro, nadie se preocupó por ella, los hermanos del patroncito han pactado la entrega sin percibir los pasos de Mariana por la escalera de servicio... el patroncito no ha vuelto a esa casa desde aquella Navidad....
Mariana tiene que irse, se ha puesto su falda café que le llega a las varices de la pantorrilla y su blusa de manta apenas ajusta sus enfermos senos...
Mariana no recuerda como llegar a su pueblo...
Mariana está muy enferma, tiene cáncer, pero eso no lo supo nunca...
Un poco ciega, un poco coja, un poco triste... Mariana tiene que irse...
Perdón, Mariana, perdón.
Yo sé que tiene las manos partidas por el cloro, el jabón, las fibras, los trapos, los pisos, los muebles, los vidrios, el cochambre el polvo y la edad...
Y el corazón, aunque nadie lo ve y a nadie parece interesarle, también lo tiene partido...
Ahora tiene setenta y tres años, casi no ve, camina encorvada y los domingos ha dejado de salir, en su pueblo han muerto varios hermanos, amigos... sus padres desde hace mucho, pero ella a penas podría reconocer la calle principal de aquel rincón de Oaxaca, porque hace más de cincuenta años y doce parientes muertos que no ha ido...
Cuando Mariana tocó el timbre de aquella puerta enorme de madera, tenía quince años, los ojos brillantes, la carne morena y firme, la caderas afiladas, el cabello largo, el español confundido con su natal mixe y también tenía miedo...
Doña Susana abrió la puerta y miró con desprecio, cómo lo haría hasta el día de su muerte a la "indita" con su falda café hasta los talones y su blusa tejida de manta, Mariana le sonrío mostrando sus dientes chuecos pero blancos...
Mariana nunca supo que su vida cambiaría de una vez y para siempre...
Doña Susana le mostró su pequeño cuarto en la azotea y la enorme casa que tendría que limpiar, barrer, sacudir y trapear diariamente por mil doscientos pesos al mes además de lavar los trastes, y los dos autos enormes, preparar el desayuno, la comida, la cena para los tres hijos y la cena para Don Gustavo, sacar a pasear los dos enormes y fieros perros, arreglar los dos patios y el jardín, planchar y doblar la ropa...
Mariana aceptó y de inmediato cambió su blusa y falda por un uniforme de rayas rosas y blancas con delantal blanco que de inmediato sería descontado de su primer salario...
El primer salario de Mariana tardó más de tres meses, los domingos no pudo salir por falta de dinero pero tampoco podía andar por la casa a menos que cooperará con los trabajos dominicales...
Doña Susana le enseñó a cocinar a base de gritos, quemaduras, (algunas graves) y golpes por tirar la jarra, y romper algunos platos que también fueron descontados...
De los tres hijos, uno de ellos, Gustavito, al que llamaba el patroncito, se dedicaría por muchos años a hacerle la vida imposible, cuando no le pegaba, le escupía, le llenaba los trastes de lodo y tierra y se burlaba del poco español de Mariana...
Cuando llevaba a sus amiguitos de la secundaria, amarraban a Mariana para levantarle la falda del uniforme y verle los calzones y tocarle las piernas y los senos...
Doña Susana por supuesto nunca creyó las historias que medio entendía de Mariana y en varias ocasiones la encerró por mentirosa...
Cuando Mariana podía salir los domingos, el poco dinero que tenía se le iba en los pasajes al metro Chapultepec y en tres ocasiones se perdió por lo que llegó tarde el Lunes por la mañana, lo que la tuvo sin salir por un mes, y así, sucesivamente, los paseos de Mariana se redujeron a salir una vez al mes, con la esperanza de ahorrar para ir a ver a sus padres al pueblo...
Mariana no regresaría al pueblo, pero ella no lo sabía...
Don Gustavo solía gritar a Mariana por cada tortilla fría, por cada cajón mal cerrado, por las revistas fuera de lugar, por los perros sucios o las manchas en el parabrisas de su auto...
Se acabaron las navidades para Mariana, se acabaron los años nuevos...
Pasó el tiempo y el patroncito comenzó sus lecciones de anatomía en solitario con Mariana, hasta quitarle un día los calzones, el uniforme y toda la ropa interior...
Mariana trató de evitarlo pero el patroncito le quitó todo su dinero y prometió dárselo el día que se dejara tocar todita, sin ropa...
Las palizas de Doña Susana ya no le dolían...
Mariana llegó a sus veintiseis años con un español a medio hablar, sin saber leer o escribir más allá de los pedidos de la tienda y sin regresar a su pueblo...
El patroncito ya tiene diecisiete y el dinero que le quitó a Mariana aquella noche lo gastó con sus amigos en la cafetería de la escuela, apenas alcanzó para cuatro papas a la francesa y dos seven up de medio litro... pero era el sueño de Mariana de poder ir a Chiquihutlán...
Doña Susana y Don Gustavo se fueron todo aquel fin de semana, la tía Samantha no llegó sino hasta el sábado a cuidar a sus sobrinos.... el patroncito subió al cuarto de Mariana y esta vez la tocó completa, le besó la piel morena y cuando Mariana despertó no pudo hacer mucho, los golpes fueron suficientes para acabar con su resistencia.. el patroncito la penetró, era la primera vez para ambos, pero sólo uno lo estaba disfrutando... Mariana no conoció el amor antes de conocer el dolor de una violación que se repetiría por muchas noches ante la amenaza de ir a Oaxaca a matar su mamá si decía algo a Doña Susana...
El día que el patroncito se casó, Mariana por fin sonrío después de seis años de dormir con miedo y amanecer con sangre en las sábanas...
Mariana perdió dos hijos del patroncito.... Él mismo fué quien llevó a aquella señora a practicar una especia de aborto chamánico a base de hierbas y agujas...
Si Mariana lo hubiera deseado, nunca hubiera podido tener hijos de nuevo...
Mariana a sus cuarenta sigue ganando el mismo sueldo, al menos ya no le cobran los platos.
Don Gustavo se fue de la casa y Mariana se volvió el paño de lágrimas de Doña Susana por las noches pero el saco de boxeo de sus arranques durante el día...
Una navidad el patroncito fue con su esposa y su bebé a la cena, pero no dejo de ver las piernas de Mariana y aquella noche, regresaron las pesadillas...
Mariana enfermó gravemente...
El doctor fue a casa de Doña Susana tres semanas después cuando apenas podía caminar...
Las medicinas fueron descontadas de su salario durante años...
Mariana fue la mejor enfermera para Doña Susana cuando fue la patrona la enferma principal.
Hoy Mariana está haciendo sus maletas casi ciega, casi coja...
Doña Susana ha muerto, la casa ha sido vendida con Mariana dentro, nadie se preocupó por ella, los hermanos del patroncito han pactado la entrega sin percibir los pasos de Mariana por la escalera de servicio... el patroncito no ha vuelto a esa casa desde aquella Navidad....
Mariana tiene que irse, se ha puesto su falda café que le llega a las varices de la pantorrilla y su blusa de manta apenas ajusta sus enfermos senos...
Mariana no recuerda como llegar a su pueblo...
Mariana está muy enferma, tiene cáncer, pero eso no lo supo nunca...
Un poco ciega, un poco coja, un poco triste... Mariana tiene que irse...
Perdón, Mariana, perdón.
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¿Sabes algo de Mariana?
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13/04/12
¿Sabes algo de Mariana? Crónica Décima
¿Sabes algo de Mariana?
Sus compañeros de oficina le vieron salir con dos cajas llenas de las pocas pertenencias que pudo recuperar.
Nadie dijo nada cuando iba abandonando el tercer piso.
El oficial de la salida le hizo sacar una por una las pertenencias que había amontonado en las dos únicas cajas de cartón que le pudieron facilitar en el archivo y revisó las pertenencias de una manera tan meticulosa cómo si alguien lo hubiera ordenado, o quizá porque así fue...
El oficio era muy claro en los despachos de todos los directores de área...
...nadie dijo nada cuando la vieron salir del edificio
Sólo su secretaria le hizo un guiño de compasión cuando ni siquiera pudo abrirle la puerta del despacho, pero toda la lealtad que habían logrado consolidar por más de ocho años, se reducía a la amenaza de correr la misma suerte y a estas alturas, con dos hijos que mantener, Marichuy no tuvo la oportunidad de arriesgarse, olvidando todas y cada una de las veces en que Mariana le había apoyado para sacar adelante a sus pequeños...
Marichuy no fue la única que olvidó lo que Mariana había compartido con todas y con todos ellos, la gran amiga, la más inteligente del grupo, la que siempre los sacaba de apuros, hoy era una ladrona, una mentirosa y que además, había transgredido la moral de la manera más vergonzosa...
...y tenía que irse.
Todos y todas las que contemplaban la marcha de su gran amiga, aliada, jefa, compañera y colega, que de la forma más fúnebre se dirigía a la esquina a buscar un taxi porque el auto también resulto ser de la compañía, no obstante haberlo ganado por sus cinco años de alta productividad...
todo eso se había olvidado...
Ricardo nunca entendió lo que quiere decir "no"... Pero cuando tuvo el poder de la oficina en sus manos, decidió que no había un "no" lo suficientemente fuerte para entrometerse en su camino...
Desde la primera vez que la vio decidió que esos senos firmes, discretos y siempre acomodados celosamente debajo de un suéter, tarde o temprano serían suyos...
Ricardo siempre tuvo poder... pero el día que su tío, dueño de la empresa, le otrogó la dirección general, Ricardito se volvió una amenaza real...
Mariana fue cambiada de piso por órdenes del nuevo Subdirector, que recibió órdenes del nuevo director general.
Le dieron una nueva oficina, una secretaria y una computadora nueva...
A los dos días de estrenar su oficina, entendió que no era su capacidad lo que le había valido ese sitio, detrás de todo estaba Ricardo y detrás de Ricardo estaba su tío... y detrás de su tío un poder incalculable...
Mariana dijo que no.
Ricardo inistió.
Mariana dijo que no.
Ricardo le rompió el suéter para ver esos senos que había esperado conocer durante años.
Mariana dijo que no y gritó.
Ricardo cerró la puerta de la oficina con seguro e informó por teléfono que todo estaba bien...
Mariana dijo que no.
Ricardo la azotó contra el escritorio, le jaló los cabellos atorándoselos con el cajón del escritorio, mismo que cerró con llave.
Mariana lloró, gritó y pateó a Ricardo cuando comenzaba a desabrocharse el pantalón...
Ricardo le pisó los pies con mucha fuerza y las manos las ató con el cable de la nueva computadora...
Mariana trató de morderlo, Ricardo le cerró la boca con un cinturón.
Alguien tocó a la puerta de la oficina.
Mariana sintió un alivio que le duro tan solo hasta darse cuenta de que tras algunos murmullos, Ricardo volvió a cerrar la puerta y descolgó la bocina del teléfono...
Ricardo penetró el cuerpo lastimado y humillado de Mariana y la penetro con la fuerza que tantos años de negativa habían acumulado en ella...
Dos horas después, Mariana ya no grita.
Ricardo ha fotografiado el cuerpo de Mariana, cada detalle...
Ricardo se va.
Mariana confundida busca su celular.
Ricardo se lo ha llevado.
Mariana sale a pedir ayuda...
Un par de policias entran por ella...
Mariana grita.
Los policias esposan a Mariana y la sacan semi desnuda y con el cabello mutilado con unas tijeras al no ser posible abrir los cajones. La llevan por el elevador privado hasta el sótano, donde la patrulla espera impaciente...
Mariana lleva más de cuatro horas recorriendo calles desconocidas, y dos horas después, espera en la patrulla estacionada en un viejo sótano rodeado de autos viejos y abandonados.
Mariana es presentada en la madrugada ante el Ministerio Público de una alejada agencia del Ministerio Público en una de las colonia más apartadas de la Ciudad.
Junto con Mariana son presentados tremendos fajos de billetes que según los oficiales fueron encontrados en la cajuela de su auto y una serie de objetos de valor, pertenecientes al tío de Ricardo, que Mariana jamás había visto...
Los golpes de Mariana no fueron asentados en el acta.
Según el más gordo de los oficiales, quien presenta el arma con la que Mariana los amenazó, sólo se estaba defendiendo.
Mariana es acusada de robo, abuso de confianza, resistencia a terceros, agredir físicamente a dos oficiales y doce cargos más que ni siquiera fueron leídos.
La declaración de Mariana es asentada a cuenta gotas ante las risas y preguntas indiscretas de los oficiales...
A las cuatro y media de la mañana llega Ricardo a la agencia del MP Tláhuac con dos abogadas de la Compañía dispuestas a otrogar el perdón...
Mariana no ha podido llamar a nadie...
Mariana no dice nada.
Mariana rechaza la primera oferta.
Mariana es llevada al reclusorio de Santa Martha...
En el camino, Mariana escucha la segunda oferta... y comienza a llorar.
Después de cuatro dias en la cárcel Mariana recibe la visita de las abogadas del tío de Ricardo con la última oferta...
Mariana no quiere que a su padre le pase nada y ver las fotos en las redes sociales no le parece la mejor alternativa....
En la oficina de Mariana no han sabido de ella en una semana, pero el Director General y dueño, ha relatado en una junta que se extendió por horas que saben que hay cómplices del robo multimillonario que la hoy procesada Mariana García Lozano cometió contra la empresa y que todos aquellos que tengan alguna relación con ella correrán la misma suerte...
En juntas más pequeñas, la versión de los jefes directos fue más clara.
No sabemos nada, Mariana no puede entrar, y si te cachamos tan siquiera hablando con ella te vas a la calle en ese mismo instante...
Los pasillos no murmuraron nada...
Mariana salió quince días después...
Entró custodiada a la oficina con el par de policías que aquella noche la entregaron al Ministerio Público.
Mariana se fue en silencio, como ladrona... Además se habló de las relaciones que había sostenido con más de siete trabajadores... entre otras tantas anécdotas que en tan sólo una semana eran los temas de moda en la oficina y en las redes sociales de los 234 empleados y empleadas...
Mariana sigue esperando el taxi...
Sólo quiere llegar y ver que, a su padre, no le ha pasado nada.
Perdón, Mariana, perdón.
Sus compañeros de oficina le vieron salir con dos cajas llenas de las pocas pertenencias que pudo recuperar.
Nadie dijo nada cuando iba abandonando el tercer piso.
El oficial de la salida le hizo sacar una por una las pertenencias que había amontonado en las dos únicas cajas de cartón que le pudieron facilitar en el archivo y revisó las pertenencias de una manera tan meticulosa cómo si alguien lo hubiera ordenado, o quizá porque así fue...
El oficio era muy claro en los despachos de todos los directores de área...
...nadie dijo nada cuando la vieron salir del edificio
Sólo su secretaria le hizo un guiño de compasión cuando ni siquiera pudo abrirle la puerta del despacho, pero toda la lealtad que habían logrado consolidar por más de ocho años, se reducía a la amenaza de correr la misma suerte y a estas alturas, con dos hijos que mantener, Marichuy no tuvo la oportunidad de arriesgarse, olvidando todas y cada una de las veces en que Mariana le había apoyado para sacar adelante a sus pequeños...
Marichuy no fue la única que olvidó lo que Mariana había compartido con todas y con todos ellos, la gran amiga, la más inteligente del grupo, la que siempre los sacaba de apuros, hoy era una ladrona, una mentirosa y que además, había transgredido la moral de la manera más vergonzosa...
...y tenía que irse.
Todos y todas las que contemplaban la marcha de su gran amiga, aliada, jefa, compañera y colega, que de la forma más fúnebre se dirigía a la esquina a buscar un taxi porque el auto también resulto ser de la compañía, no obstante haberlo ganado por sus cinco años de alta productividad...
todo eso se había olvidado...
Ricardo nunca entendió lo que quiere decir "no"... Pero cuando tuvo el poder de la oficina en sus manos, decidió que no había un "no" lo suficientemente fuerte para entrometerse en su camino...
Desde la primera vez que la vio decidió que esos senos firmes, discretos y siempre acomodados celosamente debajo de un suéter, tarde o temprano serían suyos...
Ricardo siempre tuvo poder... pero el día que su tío, dueño de la empresa, le otrogó la dirección general, Ricardito se volvió una amenaza real...
Mariana fue cambiada de piso por órdenes del nuevo Subdirector, que recibió órdenes del nuevo director general.
Le dieron una nueva oficina, una secretaria y una computadora nueva...
A los dos días de estrenar su oficina, entendió que no era su capacidad lo que le había valido ese sitio, detrás de todo estaba Ricardo y detrás de Ricardo estaba su tío... y detrás de su tío un poder incalculable...
Mariana dijo que no.
Ricardo inistió.
Mariana dijo que no.
Ricardo le rompió el suéter para ver esos senos que había esperado conocer durante años.
Mariana dijo que no y gritó.
Ricardo cerró la puerta de la oficina con seguro e informó por teléfono que todo estaba bien...
Mariana dijo que no.
Ricardo la azotó contra el escritorio, le jaló los cabellos atorándoselos con el cajón del escritorio, mismo que cerró con llave.
Mariana lloró, gritó y pateó a Ricardo cuando comenzaba a desabrocharse el pantalón...
Ricardo le pisó los pies con mucha fuerza y las manos las ató con el cable de la nueva computadora...
Mariana trató de morderlo, Ricardo le cerró la boca con un cinturón.
Alguien tocó a la puerta de la oficina.
Mariana sintió un alivio que le duro tan solo hasta darse cuenta de que tras algunos murmullos, Ricardo volvió a cerrar la puerta y descolgó la bocina del teléfono...
Ricardo penetró el cuerpo lastimado y humillado de Mariana y la penetro con la fuerza que tantos años de negativa habían acumulado en ella...
Dos horas después, Mariana ya no grita.
Ricardo ha fotografiado el cuerpo de Mariana, cada detalle...
Ricardo se va.
Mariana confundida busca su celular.
Ricardo se lo ha llevado.
Mariana sale a pedir ayuda...
Un par de policias entran por ella...
Mariana grita.
Los policias esposan a Mariana y la sacan semi desnuda y con el cabello mutilado con unas tijeras al no ser posible abrir los cajones. La llevan por el elevador privado hasta el sótano, donde la patrulla espera impaciente...
Mariana lleva más de cuatro horas recorriendo calles desconocidas, y dos horas después, espera en la patrulla estacionada en un viejo sótano rodeado de autos viejos y abandonados.
Mariana es presentada en la madrugada ante el Ministerio Público de una alejada agencia del Ministerio Público en una de las colonia más apartadas de la Ciudad.
Junto con Mariana son presentados tremendos fajos de billetes que según los oficiales fueron encontrados en la cajuela de su auto y una serie de objetos de valor, pertenecientes al tío de Ricardo, que Mariana jamás había visto...
Los golpes de Mariana no fueron asentados en el acta.
Según el más gordo de los oficiales, quien presenta el arma con la que Mariana los amenazó, sólo se estaba defendiendo.
Mariana es acusada de robo, abuso de confianza, resistencia a terceros, agredir físicamente a dos oficiales y doce cargos más que ni siquiera fueron leídos.
La declaración de Mariana es asentada a cuenta gotas ante las risas y preguntas indiscretas de los oficiales...
A las cuatro y media de la mañana llega Ricardo a la agencia del MP Tláhuac con dos abogadas de la Compañía dispuestas a otrogar el perdón...
Mariana no ha podido llamar a nadie...
Mariana no dice nada.
Mariana rechaza la primera oferta.
Mariana es llevada al reclusorio de Santa Martha...
En el camino, Mariana escucha la segunda oferta... y comienza a llorar.
Después de cuatro dias en la cárcel Mariana recibe la visita de las abogadas del tío de Ricardo con la última oferta...
Mariana no quiere que a su padre le pase nada y ver las fotos en las redes sociales no le parece la mejor alternativa....
En la oficina de Mariana no han sabido de ella en una semana, pero el Director General y dueño, ha relatado en una junta que se extendió por horas que saben que hay cómplices del robo multimillonario que la hoy procesada Mariana García Lozano cometió contra la empresa y que todos aquellos que tengan alguna relación con ella correrán la misma suerte...
En juntas más pequeñas, la versión de los jefes directos fue más clara.
No sabemos nada, Mariana no puede entrar, y si te cachamos tan siquiera hablando con ella te vas a la calle en ese mismo instante...
Los pasillos no murmuraron nada...
Mariana salió quince días después...
Entró custodiada a la oficina con el par de policías que aquella noche la entregaron al Ministerio Público.
Mariana se fue en silencio, como ladrona... Además se habló de las relaciones que había sostenido con más de siete trabajadores... entre otras tantas anécdotas que en tan sólo una semana eran los temas de moda en la oficina y en las redes sociales de los 234 empleados y empleadas...
Mariana sigue esperando el taxi...
Sólo quiere llegar y ver que, a su padre, no le ha pasado nada.
Perdón, Mariana, perdón.
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¿Sabes algo de Mariana?
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28/03/12
¿Sabes algo de Mariana? Crónica Novena
¿Sabes algo de Mariana?
Sus amigas llevan días de no tener noticias y varios años de no poder verla más de cinco minutos en el trayecto del supermercado a la casa...
La última vez, la desconocieron por completo, su rostro estaba totalmente pálido y la poca sonrisa que le quedaba se le había borrado finalmente...
Ellas, sus amigas, lo supieron desde la boda, las bromas de Gustavo, los ojos con que veía a todos los amigos de Mariana mientras la felicitaban eran un mal presagio y hacían evidente que lo que le esperaba a solas con ese hombre tendría fin solo si la muerte los separara, cómo decía aquel sacerdote que daba la venía al macho para poseer a la hembra.
Mariana se tarda horas en maquillarse, últimamente Gustavo ha decidido golpearla también cerca de los ojos, porque en la espalda ya no le cabe un moretón más...
No es que Mariana no quiera irse, pero la vez que se armó de valor para escapar, su padre ni siquiera le abrió la puerta aseverando furioso que su lugar estaba junto a su marido... ese día a Mariana los golpes en las piernas y en el estómago no le dolieron tanto como las palabras de su padre y quizá, el golpe más duro que recibió, fue el silencio de su madre mientras el señor que en ese momento dejó de ser "papito" marcaba por teléfono a Gustavo para decirle que su vieja estaba llorando como gata en celo en su patio...
Esa llamada, al celular de Gustavo, al señor padre le costó tres pesos con cincuenta centavos, a Mariana, su hija, le costó: tres dientes, dos costillas rotas y tres semanas de tener que estar en reposo absoluto, única y exclusivamente cuando Gustavo estaba en el trabajo, cuando los dos hijos estaban en la escuela y cuando la ropa sucia, las alfombras llenas de migajas y la comida lista para servirse le daban unos minutos para que su cuerpo amoratado pudiera acostarse y dar paso a las seis o siete lágrimas que aún salían de alguno de sus ojos...
Mariana siempre fue brillante en la universidad, su titulo, empolvado en algún cajón dice entre líneas "Mención Honorífica" , pero en el trabajo fue demasiada la cuarta ocasión en que Gustavo la sacó arrastrando de la oficina porque ya eran las 2:35 y los niños salen a las 2:00 de la tarde. La última ocasión, el incidente provocó la fractura de quijada de uno de sus compañeros que trató de defenderla y cuatro vidrios rotos de la agencia de publicidad... Hoy, de vez en cuando, Mariana dibuja para no olvidar lo que estudió tantos años y que hoy no le sirve de nada...
Los hijos de Mariana: Gustavo y José Gustavo, han presenciado más de treinta y dos golpizas a su madre, y lo más que han alcanzado a decir a sus diez y doce años ha sido un: "Ya ves... ¿para que haces enojar a papá?"
Una vez que Mariana no pudo planchar la camisa de la escuela de Gustavito, Gustavo, el macho Alfa, le prestó el cinturón a su hijo para que azotara la espalda de su madre en tres ocasiones...
Al día siguiente, cuando no les gustó la comida, José Gustavo le rompió el plato en la cabeza a Mariana...
En la escuela de Gustavito y José Gustavo todos saben lo que pasa en casa... a Mariana ya no le alcanza el maquillaje para cubir los golpes...
...y no es que no hagan nada en la escuela, al contrario, hace una semana el Padre Giblerto, director del Instituto, le pidió a Mariana que no fuera en esas condiciones a dejar a sus hijos, que daba muy mala impresión a los otros padres de familia, que le sugería amablemebte inscribirlos al transporte escolar...
...y no es que no hagan nada en la escuela, al contrario, hace una semana el Padre Giblerto, director del Instituto, le pidió a Mariana que no fuera en esas condiciones a dejar a sus hijos, que daba muy mala impresión a los otros padres de familia, que le sugería amablemebte inscribirlos al transporte escolar...
Mariana ha pensado en irse de nuevo...
Gustavo, por si las dudas, ha cancelado sus tarjetas, ahora sólo le da el dinero suficiente para los gastos diarios y a la sirvienta ,que ha contratado exclusivamente para atenderlo a él y a sus hijos, le ha dado una tarjeta de débito para emergencias pero son la clara advertencia de que no puede darle un centavo a la señora a la cual tampoco debe ayudarle en las labores de la casa...
Mariana ha pensado en irse de nuevo...
Sus amigas ya no le llaman, el celular ha sido cancelado... e ir a su casa constituye un riesgo que la última vez que llegaron con un par de patrullas aumentó peligrosamente....
No son tantas amigas, sólo dos: Julia y Sandra...
Ayer Mariana despertó temprano, tomó una pequeña maleta y salió por la puerta trasera... muy cerca de la salida a su única posibilidad de libertad... Gustavito la ha visto y le ha dicho a su papá....
Lo malo que Mariana no podrá irse...
Lo bueno que será la última vez que Gustavo va a golpearla...
- Ojalá ahora si haga algo la policía - Murmura doña Anita, la vecina.
Perdón, Mariana, perdón.
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17/03/12
¿Sabes algo de Mariana? Crónica Octava
¿Sabes algo de Mariana?
Tiene el cabello blanco, la espalda encorvada y la poca vista que le queda esta casi tan cansada como ella.
Sus manos, a pesar de la artritis que se ha apoderado de la mayoría de sus dedos, todavía le perimten atizar el fuego para dorar las pepitas que vende a cinco pesos...
Nadie sabe su nombre, le dicen "doñita" y eso cuando le habla, lo que sucede sólo a las nueve cuarenta y cinco de la noche, hora en que tiene que comenzar, casi a tienta,s a levantar su comal, su anafre para amarrárselo a los hombros y comenzar a caminar, además, con dos bultos enormes en cada brazo por más de cuarenta y cinco minutos a la pensión que le quita casi el noventa por ciento de lo que gana con las pepitas y que si no llega a las 11 la dejan en la calle.
Mariana ya ha tenido que dormir varías veces en la banqueta porque a veces ya no llega por el cansancio que no la deja seguir caminando y tiene que sentarse a descansar.
Últimamente se ha quedado a dormir en el parque y ha pensado en mudarse allí, pero le quedaría más lejos el mercado donde compra las pepitas y el carbón.
Mariana no lo sabe, pero el próximo mes de Septiembre va a cumplir ochenta y siete años.
Lo sabría si tuviera acta de nacimiento.
Y si tuviera acta de nacimiento, lo sabría si supiera leer.
Tiene la cara triste, y a vece se quiere morir, pero el olor de las pepitas dorándose en el comal la atan a seguir caminando por las banquetas que casi no la dejan pasar, por la gran cantidad de vendedores que, a su vez, ya no la dejan vender.
Ya no son los tiempos en que las pepitas se vendían calientes, ahora, con el poco carbón que tiene, las pepitas se enfrían... y entonces las da a tres pesos o se las come...
Últimamente, Mariana ha comido más pepitas de las que vende.
El sabor le recuerda algo, pero no sabe que.
Ya no quiere acordarse de cosas...
Mariana tuvo ocho hijos: tres mujeres y cinco hombres. También perdió a tres que no se acuerda que eran, porque esos no los pudo bautizar...
Con las pepitas pagó: pañales, ropa, leche, comida, tortilla, frijoles, arroz, cuadernos, lápices, cartulinas, monografías, zapatos, uniformes, jabón, estambre para tejer bufandas, libros de texto gratuitos, cuotas anuales en las escuelas públicas, calcetines, cepillos, medicinas de las que no tienen en el Centro de Salud, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etc...
Mariana se quedó casi ciega cosiendo ropa, cociendo papas, atizando brasas de carbón al rojo vivo y mirando a cada uno de sus hijos irse de la casa...
A los últimos dos, al Carlitos y la María de Jesús, a esos no los vio irse nunca... esos dos la corrieron de la casa cuando sus maridos, mujeres, hijos, nietos y familiares cercanos, de sus familiares lejanos, ya no cabían en la recámara que Mariana construyó, en el segundo piso, con las pepitas de cuatro años.
Lo que pasa es que Carlitos si estudió y es licenciado. Y pues el terreno que Mariana pagó sin papeles por más de veinte años resultó estar a nombre de su hijo que ni siquiera había nacido cuando Mariana lo compró.
Es que la nuera de Mariana quiere mucho a Carlitos y por eso lo convenció de que se hiciera de un patrimonio y pues la Marichuy, con tal de no quedarse en la calle, firmó todo lo que su hermano y su cuñada le pidieron y a cambio le tocó el cuartito de arriba pa´ los chamacos.
De los otros seis no ha sabido nada.
Dos se le fueron al otro lado, y los otros pues, en cuanto supieron como subirse solos al metro y al camión, decidieron irse lejos de las pepitas, el aceite y las bolsitas de papel.
Mariana está ciega por que los ojos se le reventaron de tanta lágrima, pero ella dice que es el carbón...
Nadie sabe que pasó con el Nicolás, el papá de las ocho criaturas de Mariana y de cómo doce chamacos más en otras vecindades. Cuentan, los que saben algo de Mariana, que nada más iba a preñar a su vieja cada que terminaba la cuarentena y mientras tanto se gastaba, lo poco que quedaba de las pepitas de la semana después de los gastos diarios de la chamacada, en la botella...
Mariana dice que lo mató la botella...
Mariana dice que es el carbón, los doctores dicen que tantos golpes del Nicolás en la cabeza es lo que la está dejando ciega...
Mañana ya no venderá pepitas...
Se quedó dormida en el parque...
Y a nadie le importó.
Perdón Mariana, perdón.
Tiene el cabello blanco, la espalda encorvada y la poca vista que le queda esta casi tan cansada como ella.
Sus manos, a pesar de la artritis que se ha apoderado de la mayoría de sus dedos, todavía le perimten atizar el fuego para dorar las pepitas que vende a cinco pesos...
Nadie sabe su nombre, le dicen "doñita" y eso cuando le habla, lo que sucede sólo a las nueve cuarenta y cinco de la noche, hora en que tiene que comenzar, casi a tienta,s a levantar su comal, su anafre para amarrárselo a los hombros y comenzar a caminar, además, con dos bultos enormes en cada brazo por más de cuarenta y cinco minutos a la pensión que le quita casi el noventa por ciento de lo que gana con las pepitas y que si no llega a las 11 la dejan en la calle.
Mariana ya ha tenido que dormir varías veces en la banqueta porque a veces ya no llega por el cansancio que no la deja seguir caminando y tiene que sentarse a descansar.
Últimamente se ha quedado a dormir en el parque y ha pensado en mudarse allí, pero le quedaría más lejos el mercado donde compra las pepitas y el carbón.
Mariana no lo sabe, pero el próximo mes de Septiembre va a cumplir ochenta y siete años.
Lo sabría si tuviera acta de nacimiento.
Y si tuviera acta de nacimiento, lo sabría si supiera leer.
Tiene la cara triste, y a vece se quiere morir, pero el olor de las pepitas dorándose en el comal la atan a seguir caminando por las banquetas que casi no la dejan pasar, por la gran cantidad de vendedores que, a su vez, ya no la dejan vender.
Ya no son los tiempos en que las pepitas se vendían calientes, ahora, con el poco carbón que tiene, las pepitas se enfrían... y entonces las da a tres pesos o se las come...
Últimamente, Mariana ha comido más pepitas de las que vende.
El sabor le recuerda algo, pero no sabe que.
Ya no quiere acordarse de cosas...
Mariana tuvo ocho hijos: tres mujeres y cinco hombres. También perdió a tres que no se acuerda que eran, porque esos no los pudo bautizar...
Con las pepitas pagó: pañales, ropa, leche, comida, tortilla, frijoles, arroz, cuadernos, lápices, cartulinas, monografías, zapatos, uniformes, jabón, estambre para tejer bufandas, libros de texto gratuitos, cuotas anuales en las escuelas públicas, calcetines, cepillos, medicinas de las que no tienen en el Centro de Salud, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etc...
Mariana se quedó casi ciega cosiendo ropa, cociendo papas, atizando brasas de carbón al rojo vivo y mirando a cada uno de sus hijos irse de la casa...
A los últimos dos, al Carlitos y la María de Jesús, a esos no los vio irse nunca... esos dos la corrieron de la casa cuando sus maridos, mujeres, hijos, nietos y familiares cercanos, de sus familiares lejanos, ya no cabían en la recámara que Mariana construyó, en el segundo piso, con las pepitas de cuatro años.
Lo que pasa es que Carlitos si estudió y es licenciado. Y pues el terreno que Mariana pagó sin papeles por más de veinte años resultó estar a nombre de su hijo que ni siquiera había nacido cuando Mariana lo compró.
Es que la nuera de Mariana quiere mucho a Carlitos y por eso lo convenció de que se hiciera de un patrimonio y pues la Marichuy, con tal de no quedarse en la calle, firmó todo lo que su hermano y su cuñada le pidieron y a cambio le tocó el cuartito de arriba pa´ los chamacos.
De los otros seis no ha sabido nada.
Dos se le fueron al otro lado, y los otros pues, en cuanto supieron como subirse solos al metro y al camión, decidieron irse lejos de las pepitas, el aceite y las bolsitas de papel.
Mariana está ciega por que los ojos se le reventaron de tanta lágrima, pero ella dice que es el carbón...
Nadie sabe que pasó con el Nicolás, el papá de las ocho criaturas de Mariana y de cómo doce chamacos más en otras vecindades. Cuentan, los que saben algo de Mariana, que nada más iba a preñar a su vieja cada que terminaba la cuarentena y mientras tanto se gastaba, lo poco que quedaba de las pepitas de la semana después de los gastos diarios de la chamacada, en la botella...
Mariana dice que lo mató la botella...
Mariana dice que es el carbón, los doctores dicen que tantos golpes del Nicolás en la cabeza es lo que la está dejando ciega...
Mañana ya no venderá pepitas...
Se quedó dormida en el parque...
Y a nadie le importó.
Perdón Mariana, perdón.
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16/03/12
¿Sabes algo de Mariana? Crónica séptima.
¿Sabes algo de Mariana?
Hace tiempo que nadie la visita.
Su madre se cansó de que hablaran mal de su hija.
Se cansó de ser señalada.
Decidió inventarse la historia de la hija y el viaje y se fue a otra ciudad lejos de la realidad que decidió negar en pro de sus creencias, en pro de su tranquilidad moral y a costa de renunciar a su única hija tan sólo por negarle la dicha egoísta de un nieto a destiempo...
Mariana se equivocó de país, se equivocó de estado, se equivocó de época, pero jamás aceptará haberse equivocado en su decisión, misma que la tiene presa en una lugar donde la vida antes de la vida tiene la capacidad de condenar una vida en plenitud, una vida con la capacidad de decidir...
Mariana lleva cinco años en la cárcel y aún le faltan otros veintiséis. A nadie parece interesarle. Quienes se interesaban se les acabó la tinta y el papel en los periódicos. Es que hace tiempo que dejó de ser noticia...
Mariana no se arrepiente.
No quiso ser madre. Su responsabilidad (la poca que puede tener ante los ojos de la gente por haberse embarazado sin desearlo) le dio la sensatez de no condenar a un ser humano a una realidad sin amor, sin dinero, sin deseo, sin espacio y sin futuro.
Sencillamente el binomio de una madre inmadura con un hijo en sus brazos no le cuadra en su realidad inmediata...
Le han preguntado si de verdad prefiere la cárcel a el haber sido madre aún sin desearlo...
Está harta de que comparen su situación actual con un niño de cinco años (que no existe) y que nadie hable de la vida destruida de una mujer que pasará su juventud privada de una libertad por una sentencia que fue escrita con agua bendita en lugar de tinta...
Mariana no puede confiar en nadie.
Mariana no tuvo muchas opciones para "salirse con la suya" terminó sometida a un aborto clandestino en las peores condiciones de higiene y salud.
La señora, de la que nadie sabe nada en el pueblo (pero a la que acuden indiscriminadamente padres y madres con hijas preñadas a desagraviar su apellido), esa tal "Doña Prudencia", tuvo que tirarla al borde de la carretera cuando la sangre no quería ceder...
- Le dije que no viniera sola, güerita - Fue lo último que escuchó de la voz de la anciana...
Mariana se sintió morir, estuvo sangrando por más de una hora, arrastrándose por la cinta de asfalto abandonada hasta que una camioneta la levantó y la tiró en la sala de urgencias del Hospital General de Guanajuato...
Nunca pensó que el aire frío, que le penetraba por la nariz a al entrada de el nosocomio, sería el último que respiraría en libertad...
Humillada por enfermeras, médicos y camilleros, tuvo que soportar que le salvaran la vida cómo si le estuvieran haciendo un favor...
Entre delirios de fiebre y medicamentos, escuchó a una enfermera decirle al doctor: "Total, doctor, si se nos muere bien merecido se lo tiene por haber matado a su criatura, y ya sabe que diosito esas cosas no las perdona"...
Cuando al fin sintió la mano de su madre en al frente vino a ella un alivio que duró apenas el tiempo que tardó el Ministerio Público en comenzar a tomarle su declaración...
Mariana no supo en que momento cambió su situación de paciente a procesada...
No podía creer que antes de llamar a sus familiares le hubieran llamado a la policía...
Pero cuando la policía llamó a su madre, entonces supo que estaría sola contra el mundo...
Después de veinte días de agonía en el hospital, Mariana comenzó treinta años de agonía en la cárcel que cada día que pasa parecen cincuenta más...
Mariana fue condenada por homicidio...
Sus testigos: Mariana.
Los testigos de la fiscalía: Su madre, cuatro médicos, dos enfermeras, el camillero que la recogió en la entrada del hospital, el que embarazó a Mariana y no quiso volver a saber de ella y el Estado...
Los abogados de oficio hicieron todo para hundirla lo antes posible...
Cuando llegaron las amigas de la Ciudad a ayudarla, era demasiado tarde...
Cuando recuerda la pregunta de la reportera, aquella que decía: "¿Y de verdad prefieres estar en la cárcel a haber tenido ese hijo que no deseabas?"...
Piensa que su respuesta hoy sería: "Hubiera preferido morirme en la carretera"...
Perdón, Mariana, perdón.
®Andrés Castuera-Micher
Hace tiempo que nadie la visita.
Su madre se cansó de que hablaran mal de su hija.
Se cansó de ser señalada.
Decidió inventarse la historia de la hija y el viaje y se fue a otra ciudad lejos de la realidad que decidió negar en pro de sus creencias, en pro de su tranquilidad moral y a costa de renunciar a su única hija tan sólo por negarle la dicha egoísta de un nieto a destiempo...
Mariana se equivocó de país, se equivocó de estado, se equivocó de época, pero jamás aceptará haberse equivocado en su decisión, misma que la tiene presa en una lugar donde la vida antes de la vida tiene la capacidad de condenar una vida en plenitud, una vida con la capacidad de decidir...
Mariana lleva cinco años en la cárcel y aún le faltan otros veintiséis. A nadie parece interesarle. Quienes se interesaban se les acabó la tinta y el papel en los periódicos. Es que hace tiempo que dejó de ser noticia...
Mariana no se arrepiente.
No quiso ser madre. Su responsabilidad (la poca que puede tener ante los ojos de la gente por haberse embarazado sin desearlo) le dio la sensatez de no condenar a un ser humano a una realidad sin amor, sin dinero, sin deseo, sin espacio y sin futuro.
Sencillamente el binomio de una madre inmadura con un hijo en sus brazos no le cuadra en su realidad inmediata...
Le han preguntado si de verdad prefiere la cárcel a el haber sido madre aún sin desearlo...
Está harta de que comparen su situación actual con un niño de cinco años (que no existe) y que nadie hable de la vida destruida de una mujer que pasará su juventud privada de una libertad por una sentencia que fue escrita con agua bendita en lugar de tinta...
Mariana no puede confiar en nadie.
Mariana no tuvo muchas opciones para "salirse con la suya" terminó sometida a un aborto clandestino en las peores condiciones de higiene y salud.
La señora, de la que nadie sabe nada en el pueblo (pero a la que acuden indiscriminadamente padres y madres con hijas preñadas a desagraviar su apellido), esa tal "Doña Prudencia", tuvo que tirarla al borde de la carretera cuando la sangre no quería ceder...
- Le dije que no viniera sola, güerita - Fue lo último que escuchó de la voz de la anciana...
Mariana se sintió morir, estuvo sangrando por más de una hora, arrastrándose por la cinta de asfalto abandonada hasta que una camioneta la levantó y la tiró en la sala de urgencias del Hospital General de Guanajuato...
Nunca pensó que el aire frío, que le penetraba por la nariz a al entrada de el nosocomio, sería el último que respiraría en libertad...
Humillada por enfermeras, médicos y camilleros, tuvo que soportar que le salvaran la vida cómo si le estuvieran haciendo un favor...
Entre delirios de fiebre y medicamentos, escuchó a una enfermera decirle al doctor: "Total, doctor, si se nos muere bien merecido se lo tiene por haber matado a su criatura, y ya sabe que diosito esas cosas no las perdona"...
Cuando al fin sintió la mano de su madre en al frente vino a ella un alivio que duró apenas el tiempo que tardó el Ministerio Público en comenzar a tomarle su declaración...
Mariana no supo en que momento cambió su situación de paciente a procesada...
No podía creer que antes de llamar a sus familiares le hubieran llamado a la policía...
Pero cuando la policía llamó a su madre, entonces supo que estaría sola contra el mundo...
Después de veinte días de agonía en el hospital, Mariana comenzó treinta años de agonía en la cárcel que cada día que pasa parecen cincuenta más...
Mariana fue condenada por homicidio...
Sus testigos: Mariana.
Los testigos de la fiscalía: Su madre, cuatro médicos, dos enfermeras, el camillero que la recogió en la entrada del hospital, el que embarazó a Mariana y no quiso volver a saber de ella y el Estado...
Los abogados de oficio hicieron todo para hundirla lo antes posible...
Cuando llegaron las amigas de la Ciudad a ayudarla, era demasiado tarde...
Cuando recuerda la pregunta de la reportera, aquella que decía: "¿Y de verdad prefieres estar en la cárcel a haber tenido ese hijo que no deseabas?"...
Piensa que su respuesta hoy sería: "Hubiera preferido morirme en la carretera"...
Perdón, Mariana, perdón.
®Andrés Castuera-Micher
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