Soy Andrés, homónimo de aquel que primero que todos siguió a Jesús. Pero no soy aquel, sin embargo, le he seguido en cada renglón desde los bíblicos, los apócrifos y, por encima de todo, a través de los cabalistas. Me dirijo a ustedes, hermanas y hermanos en el sacrilegio, por lo imperativo de los tiempos que nos aquejan. En versos y dramas anteriores ya he dejado evidencia de mi preocupación y ocupación en torno al que me tomo la licencia de llamar el anticristo. Así, con minúsculas porque escribo y pienso desde este yo secular que se ha construido desde una razón libre, e inquieta.
Me refiero al hombre de rostro anaranjado y de apellido Trump y a su segundo ascenso al trono.
El que estamos viviendo es un apocalipsis (igual con minúsculas) secular, como secular debió ser siempre tomada la doctrina, palabra y ejemplo de Jesús.
Desde este ángulo es como me refiero a Trump como el anticristo con minúsculas, un anticristo de un apocalipsis secular, porque el sagrado nos ha agotado como mundo en una espera inútil. Por estar esperando la segunda venida de Jesús, no hemos visto que la destrucción, que el fin del mundo ha estado todo este tiempo entre nosotros y no lo hemos reconocido.
El error primigenio fue el haber sacralizado a Jesús, quitándole la posibilidad de ser un líder de carne y hueso, un guerrillero que, tras su muerte por la crucifixión, levantará multitudes esclavas para liberarse de la doble invasión que vivían: la de la Roma, romana y la Roma judía, mejor conocida como el Sanedrín. Resucitarlo y elevarlo a la diestra de aquel Dios inalcanzable e intransigente nos quitó la vista de su enseñanza más importante: Amarnos los unos a los otros, o cómo Lennon, otro enemigo jurado del preTrumpismo, parafrasearía más tarde como “All you need is love”.
El Jesús secular, el crucificado, el rebelde, nos dejó claro que no había otra alternativa que el amor, en medio de una tierra cubierta de sangre. Desde esta perspectiva y bajo esa premisa es que me atrevo a declarar a Trump como el anticristo. El Cristo (Jesús) trataba de reconstruir el mundo a través del amor y este anticristo está destruyendo al mundo a través del odio.
El tiempo llegó mientras esperaban, algunos, que llegara el tiempo. Señales ha habido muchas, desde su primera llegada al trono, cuando Al Gore nos habló del calentamiento global y este señor se burló desde su imperio de opulencia, diciendo que si el ecologista ganaba la presidencia, se salvarían los osos polares, pero se extinguiría la humanidad.
Mientras el cristo caminó por el desierto cuarenta días para enfrentar sus demonios, el anticristo bombardea del desierto para erguir su figura en oro macizo, ni más ni menos que sobre el suelo donde, dicen los escribas, nació el primero. ¿Acaso necesitamos otra prueba de “anti-cristiandad” que aquel que quiere poner su estatua dorada sobre la tierra ensangrentada donde nació el cristo.
El anticristo se levanta, además, con la bendición de la iglesia, representada por la ultra derecha política. Como conquistador de los imperios de antaño, se proclama salvador del mundo, y postula su Doctrina Monroe como antaño los tiranos se declaraban salvadores y, por ende, dueños del mundo.
Se ha levantado y con él, se levantan los cadáveres de los grandes dictadores y tiranos, también miembros de la iglesia política latinoamericana.
Mientras Trump se levanta como el anticristo, en Argentina se invoca a Videla, en Chile se espera la reencarnación de Pinochet y en Palestina se dan la mano el líder de los fieles y el Netanyahu de los históricamente infieles.
Hermanos y hermanas en la apostatía, Jesús no va a volver, aunque pudiera, no lo haría. Murió, lo mataron y lo volvieron a matar volviéndolo Dios. Pero Trump, el anti cristo, está aquí y su odio, humano, secular y descomunal nos está destruyendo.
Cierro esta epístola, redactada en el primer mes del año 8 d.T. no para alarmarlos, para que, por el contrario, con toda la calma posible, duerman cada día como si fuera el último o quizá por que lo es. Amen, así, sin acento.
®2026. Andrés Castuera-Micher .
