Por supuesto en los moldes cabían la mayoría, casi todos, pero había unos cuantos que se resistían a dejar de soñar. Uno de ellos, que soñaba despierto que deambulaba por el angosto y hostil patio, tenía claro que ninguna pared iba a detener las ideas locas y que salían de forma vertiginosa de su cabeza, estrellándose en cada pared, en cada reja... Ese pequeño loco de diecisiete conoció a otra loca un año mayor que él que, triste, contaba que su sueño era ser actriz. El loco aquel le dijo que tenía una obra de teatro que se llamaba “La Otra Cara de la Moneda” y que el personaje principal se parecía mucho a ella... Aquella actriz rubia y de mirada profunda le dijo que la quería leer... Todo iba bien, salvo que la obra no existía, entonces el loco tuvo que sentarse en su máquina de escribir durante siete horas, no dormir aquella noche hasta tener aquel libreto, carente de toda técnica, pero lleno de ilusión y prácticamente escrito con las vísceras, hasta tener esa páginas que pondría en manos de aquella estudiante de quinto de prepa que, mientras leía, volvía a soñar...
- ¡Hagámosa! - dijo ella.
- ¡Hagámosla! - dijo él.
Solo faltaba conseguir un grupo de locos, pues resulta que había muchos, más de veinte. Seguro no les darían permiso por lo que, aquel loco, inventó que se trataba de un grupo de estudios de matemáticas que requería de un salón alejado y silenciosos y sería durante el turno vespertino...
Así comenzó “La Otra Cara de la Moneda” ella sería la protagonista... y el resto, todos, un grupo de locos haciendo su sueño realidad.
Un día, la escena de los golpes, la famosa escena de la golpiza, terminó en un vidrio roto y en que fuéramos descubiertos en nuestro falso grupo... Cabe señalar que nadie sabía de aquella mentira, todas las y los que estaban aquella tarde en el ensayo creían que el grupo de teatro era legal y contaba con permisos...
A la oficina del director.
¿Quién iba a pensar que el director del turno vespertino era un músico al que no le habían dejado cumplir sus sueños y que defendería la iniciativa de aquel grupo teatral de seguir adelante ante el tirano director del turno matutino y, además, dueño de la preparatoria?
Y sí, con la necedad y el corazón como bandera, aquel grupo estrenó “La Otra Cara de la Moneda”, el grupo decidió llamarse Arethé, que según la maestra de filosofía significaba “virtud”.
La preparatoria cerró.
La actriz rubia no se dedicó al teatro.
El loco sigue de necio con que el teatro puede cambiar al mundo.
Arethé, al momento de este relato, lleva treinta y tres años de resistencia a través del teatro independiente.
®2026, Andrés Castuera -Micher
De mi libro Renglones de Medio Siglo
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