He dedicado más de la mitad de mi vida a la radio, a esa caja de sueños que deja volar la imaginación o que, al menos dejaba hacerlo. Siempre fui un ferviente escucha de Radio 620 “La música que llegó para quedarse” mucho tendrá que ver que aquel Dart 79, que tuve en los noventa, solo tenía la banda de Amplitud Modulada, lo cual siempre agradeceré. A dónde iba, con tráfico o sin él, siempre había buena música y, por supuesto, un locutor acompañándome.
Después llegó Radio Red y aquel programa hermoso “Buen fin de Semana” que por ocho años hice al lado de mi querida Cony Madera... Que días de radio aquellos.
Un proyecto que extraño mucho y que lamento que la burocracia de la Secretaría de Cultura haya terminado por exterminar fueron los Radio Dramas que durante tres años hice con las y los estudiantes del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM.
Crear historias con la voz para que la imaginación del o la escucha completará la historia, un homenaje a lo que fueron las radio novelas y un intento poderoso de retomar aquel género que cautivó a millones durante décadas.
Hoy, la radio no existe más, o no como la radio en sí.
La radio hablada ha sucumbido ante la programación musical durante todo el día o los noticieros que repiten una y otra vez lo mismo.
La llegada de las plataformas de streaming, los podcasts han terminado con una era dónde la voz tenía el poder y la responsabilidad de despertar la imaginación, la conciencia de quien la escuchaba.
Sí, la tecnología podrá habernos alcanzado, ahora cualquiera puede hacer un podcast y si bien aplaudo la democratización de los medios, también extraño que los contenidos sean eso: contenidos.
Qué días de radio aquellos.
®2027, Andrés Castuera-Micher
De mi libro Renglones de Medio Siglo
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