¿A quién se le ocurre jugar al poeta en tiempos de Sabina?
Ese tal Joaquín, ese fulano de tal ya escribió en sus canciones
casi todo lo escribible
y con las sobras que dejó ahí se la va uno capoteando.
Vivir un vida con el Sabina en la cabeza, con sus canciones en todas las partes del cuerpo que duelen y, luego, escribir algo que más o menos duela, pero que duela distinto y que no,
que no suene tanto a lo que el flaco ya dijo, aunque duela lo mismo y uno quiera decirlo.
¡Que papelón querer decir las cosas que entre medias negras y crisantemos ya las ha gritado, cantado y hasta patentado!
Debería considerarse ilegal querer hablar del desamor en tiempos de Joaquín Sabina.
Cualquier día que se escriba, que se destile, siempre quedará dentro de esos diecinueve y, ni hablar de las noches, más de quinientas, o mil, ya todo aparece en sus canciones “all inclusive”.
Pero cuando uno no sabe o no quiere saber hacer otra cosa,
le queda mudarse a cualquier calle, a cualquier casa y procurar que el número no sea siete.
Igual, uno se va a morir con dos o tres poemas virales o con suerte cuatro
y el Sabina, que no, que ese no se muere ni este mundo ni en el otro.
Uno debería estarse quieto y seguir escuchando una y otra vez esas canciones que hubiera deseado haber escrito pero que no, que no son de uno sino del tal Sabina.
Debería pues uno resignarse, escuchar, llorar, escuchar...
Pero uno escribe, no obstante y asume las consecuencias.
Adquiere cualquiera de mis libros en formato físico o digital haciendo click aquí

No hay comentarios:
Publicar un comentario