Sólo en ese lugar podía sentirme seguro.
Ponía esa canción de Ringo una y otra vez.
Sin el jardín del pulpo no lo habría logrado,
solo en un lugar así se soportan tantos golpes.
Ahí, bajo las olas, era mi lugar seguro, ahí los gritos no se escuchan
los platos lanzados contra la pared no se rompen
y los llantos de los demás se oyen lejanos...
Todos deberíamos tener un jardín del pulpo
para dejar de escuchar lo que nos duele...
Es un lugar grande, aunque yo era pequeño
después crecí y siempre cupe
Por eso no salí gritando,
por eso solo huí una vez
Porque estaba en un lugar seguro...
Ahí quiero estar, en el jardín del pulpo.
®2026. Andrés Castuera-Micher
De mi libro: Renglones de Medio Siglo
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