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30/9/26

Sandra

 

El pueblo aquel se llamaba Córdoba, aunque se sigue llamando así, ya no es aquel lugar donde Andrés y Sandra se conocieron en aquel año nuevo. 

Nunca habían creído en el amor a primera vista pero siempre hay una primera vez. Aunque Sandra estaba por terminar la secundaria, Andrés, en primer año, ya se sentía con derecho a que una de tercero se enamorara de él. 

Nunca se supo a ciencia cierta si se enamoraron pero se besaron o el menos ella lo besó y él aprendió a besar y entre beso y beso se despedían hasta el año siguiente. Sandra siempre fue ese amor constante y esos ojos negros que Andrés tenía presentes en cada sueño.

En esos tiempos de la Córdoba que les cuento, existía el correo, aunque todavía existe, ya no es el correo de aquellos tiempos. Sandra escribía, Andrés respondía y el ritual de comprar los timbres postales y pegarlos en el sobre acompañados de un beso y dos suspiros, aquel ritual era el augurio de un amor que crecería y maduraría...

Aunque al lector le parezca un cuento de hadas, Andrés y Sandra se escribieron por años, se besaron por años, muchas veces a escondidas y no es que fueran novios, eran eso: Sandra y Andrés...

Cuando hicieron el amor por primera vez, supieron que sé deseaban y posiblemente se amaban, pero el amor había estado ahí, siempre, pero ahora tenía otras formas de habitarlos.

Por complicado que parezca creerlo: Andrés y Sandra se casaron...

El final feliz no existe, cierto, pero Sandra y Andrés, a pesar de la distancia, nunca conocieron el final.

®2026, Andrés Castuera-Micher 

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