12/6/13

Regalos Necesarios para Liza IV: Una brújula sin rumbo fijo

Voy a darle a Liza
una brújula sin rumbo fijo

que marque al sur
en dirección a Liza bajando las escaleras

al oeste cuando ella necesite el viento a su favor

y que solo cambie su aguja al este
en momentos de profunda reflexión
y en los que su espalda
pueda soportar la culpa que viene del pasado

una brújula como todas
pero con una aguja indecisa
que permita darle a Liza
la seguridad de ir hacia adelante
aunque camine de espaldas
y que, aunque regrese,
la brújula le marque hacia adelante, siempre adelante

una brújula sin cordura
para que entiende que, a veces,
se avanza retrocediendo...

la brújula que fue confeccionada para Liza
tiene siete nortes

uno para subir escaleras

otro que indica la azotea más cercana
para ver las azoteas lejanas y reír con ellas

el tercer norte
apunta al sur
cuando Liza tiene nostalgia de llegar y se retrasa

un cuarto norte que siempre apunta hacia el mar
porque se sabe que a Liza, las olas,
le recuerdan el arrullo de sus sueños
y los veleros
y los barquitos de papel

otro norte que no pierda de vista
lo que Liza mira por las tardes  lluviosas
para que no pierda sus recuerdos inmediatos,
 pero que tampoco le retrasen

el norte número seis
que usará solamente para el orgasmo

y el séptimo norte que,
de vez en cuando,
paulatinamente y en silencio
le diga a Liza que el Norte es para allá,
dónde le esperan los rumores de un porvenir que se adelantó
aproximadamente veinte años...

La brújula cabe en el puño de la mano de Liza
por si quiere, a voluntad
y en medio de tres gritos
hacerla pedazos...

®2013, Andrés Castuera-Micher, Regalos Necesarios para Liza.

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