25/8/16

Tratado Amargo sobre Dulces


Cuando hablaba con la pistola en la mano
todos lo escuchaban, se sentía importante
la gente le hacía caso, pues...

Ahora, que lo único que tiene en la mano son dulces
la gente lo ignora, finge dormir recargado en la ventanilla, le sube el volumen a sus audífonos apagados o comienza a platicar con la persona de al lado...

Tanta indiferencia le recuerda la cárcel,
tanta falsedad le recuerda su hogar

Él no sabe 
no sabe 
no sabe hacer otra cosa

no es pobre porque quiere
nadie lo es,  aunque lo afirmen los que cierran el vidrio para ignorar las manos extendidas

Él no puede
no puede
no puede trabajar
los tatuajes, las cicatrices y las muletillas al hablar
suelen cerrarle las puertas de los empleos...

no está desempleado porque quiere
aunque lo aseguren los empresarios cenando en restaurantes de lujo
humillando a los meseros y acosando a las camareras
con la soberbia al portador en las carteras...

Él vende dulces
chocolates
si son robados o no
no dejan de ser chocolates...

Parece un crimen pagar cinco pesos por un chocolate
a uno menos afortunado
que no fue aceptado en la escuela
en la familia
en la casa
en el mundo...

Solo sé que si algún día
los chocolates de a cinco
se vuelven balas calibre veintidós
la culpa no habrá sido de él...

Es que no entendemos a punta de chocolates
solo a punta de madrazos, de balas...

Chocolate amargo
a las 20 horas en el trayecto diario...

Insisto, no es pobre porque quiere
es pobre porque puede...
y porque no puede...

aunque tú, detrás de tu escritorio y con el salario asegurado
afirmes lo contrario...


®Andrés Castuera-Micher, 2013. Mi País Roto.