25/9/17

La lección

Es mentira,
no se suspendieron las clases...
Se cerraron las escuelas
porque la lección de hoy era en las calles...

Aprendimos que la Madre Tierra nos va a repetir la lección las veces necesarias hasta que dejemos de olvidarla.

Aprendimos que el 19 de septiembre puede repetirse otro 19 de septiembre.

Un hombre con una sola pierna y dos muletas me enseñó que no hacen falta dos pies para salvar una vida.

Una señora de más de noventa años me dejó claro que la edad y el cansancio no son pretexto cuando alguien más está en desgracia.

Los estudiantes nos han dejado,una vez más, para que lo anotemos de una vez por todas, que tienen lo necesario para tomar la historia entre sus manos...

La Ciudad nos recordó que se puede caer en cualquier minuto, para que dejemos de jugar en los simulacros.

Los más pobres nos dieron una clase de matemáticas esenciales: Donde come uno, comen cuatro.

Aprendimos que el uniforme de los soldados también se mancha de polvo, de lágrimas y de sudor.

Supimos, de buena fuente, que hay un mazo en cada mano dispuesto a golpear sin cansancio la roca hasta llegar a los alientos atrapados antes de que se extingan.

Nos quedó claro que las piedras son muchas, pero que las manos son más.

Se nos reveló que tenemos millones de hermanos y hermanas...
Que no somos egoístas, que sólo estábamos distraídos...

Repasamos por nuestras entrañas, el dolor de las grietas y las varillas vencidas por el peso del concreto cansado.

Descubrimos que el sudor no tiene mal olor, que más bien huele a esperanza.

Aprendimos que debemos sonreír a cualquiera que se cruce en nuestro camino porque nos demostró que es capaz de levantar piedra tras piedra hasta rescatarnos con vida...

Es mentira, no se suspendieron las clases, sólo se cerraron las escuelas,
con el fin de aprender y memorizar los sonidos del silencio...

Esta lección nos recordó que los que tienen el poder, sólo piensan en el poder.

Y, a los adultos, les tatuó una plana en el alma que dice: "A los jóvenes si nos importa lo que está pasando"

Para que repasemos lo que tenemos que sentir derrumbados
para no olvidarlo cuando estemos en pie...

¿Quedó clara la lección?

México, ya puedes abrir las puertas de tus escuelas...
Ahora sí tenemos algo que enseñarle a nuestras niñas y niños.



®Andrés Castuera-Micher
Ciudad de México, 25 de Septiembre de 2017.

Fotografía: Recibida de una mujer de Juchitán Oaxaca que no quiso dar su nombre.

18/6/17

Victor

Ese día te levantaste más temprano que de costumbre. Te bañaste con agua sorpresivamente tibia, te afeitaste con excesiva precisión y desayunaste con un apetito excepcional. A la mesa, tu mujer, admiraba aquel cambio de actitud, así, seguramente hallarías algún empleo.

- Me voy, llego tarde a mi cita. – Dijiste con voz entre cortada.
- Dales lo mejor de ti y verás como si lo consigues.
- Así lo haré. – Respondiste mientras cerrabas la puerta.

Ansioso acudiste puntual, a las doce menos cinco, entre admirados personajes que anteriormente y día a día, te habían visto caminar de un lado al otro, mugroso y cabizbajo.

- Así se hace. – Te gritaban.


Te esperaba ansiosa en lo más profundo de la estación Balderas. La miraste, sus brazos se extendían con una sorpresiva incondicionalidad. Nadie sospechaba de tu encuentro con ella, a pesar de que todos miraban sorprendidos el abrazo que te daba. Puntualmente, mientras el metro y la electricidad los ocultaban por siempre. Jorge no tendría que volver a buscar empleo.


® 2017, Andrés Castuera-Micher. Renglones que Saben a Ciudad"

16/5/17

Ocho son los años sin tus Renglones, Mario



Ocho son años sin tus Renglones, Mario.

Sin novedad en el frente, poeta,
no te angusties,
seguimos al borde de la bomba
y escribiendo de un mundo
que se acabo desde antes
pero nos aferramos a creer que no.




Llega mayo,
como cada año
y, en el diecisiete, me acuerdo
que siguen faltando tus letras.

No te preocupes, no es que tengas que volver
¿a qué? acá la gente tiene manos de pantalla y ojos de móvil,
ya no les interesa verse, enamorarse ni caminar juntos.

te daría risa, Mario, como se ama la gente en estos días,
sin parques, sin nervios, sin frío y sin formalidad..

Estamos al borde de la bomba
y tenemos más muros que grafittis...

Se nos quemó la ilusión en la hoguera del miedo
y arrendamos el último sueño a un postor, que ni era el mejor,
pero era el único que nos quedaba...

Sin novedad en el frente, poeta
y con la frente agachada sin buscar novedades...

No es que tus renglones se estén apagando,
es la gente torpe, miope y computarizada
la que ha perdido el hambre de poesía...

Si vuelves, que sea un Lunes
cuando el mundo está aletargado y sin ganas de dejar la cama
para que, ahí, entre las sábanas
nos regales un par de renglones
de esos que afilaban el espíritu...

Pero no vas a volver porque acá,
en la esquina de aquella calle vacía
donde se supone que se sientan los viejos a leer poemas,
no queda más que el aroma apolillado de un libro que soñó con ser banqueta
y terminó en la alcantarilla de los remates y los olvidos...

Ocho años hace que te fugaste de la bomba
y la bomba sigue mirando como dejamos de tenerle miedo...

Es que sin tus versos, Mario
¿A qué le vamos a tener miedo?

Vénganos tu miedo, andariego de cabello gris,
acá en la calle oscura
cómo en el abismo al que brincan los amantes...

Nos falta tu miedo gramaticalmente correcto
para volver a creer en que los pies mojados
pueden servir de tenedores o de gafas rotas,
siempre y cuando uno se vuelva poema
y permita que la vida sea su poesía...

Hoy, diecisiete de mayo del dos mil diecisiete,
las letras sólo me sirven para decir
que, este, el que no quiere nunca de olvidar su miedo,
te extraña y con la bomba atada a mi penúltimo sueño,
te llora todavía, cómo cuando los diarios se empeñaron en matarte.


Ciudad de México, 17 de Mayo, 2017.

®2017, Andrés Castuera-Micher.

7/5/17

Postal de Reforma



Después de que caía la noche, el Rodo se sentaba en una de las bancas que daban a la glorieta principal de Reforma. Encendía lo que quedaba del cigarro que había conseguido, dejaba a un lado su caja con los chicles sobrantes, que cada vez eran más y se quedaba mirando por horas la parte más alta de la columna de la independencia. La última vez discutió por horas con la Lupis, ella decía que era una Ángela y él Rodo, duro y dale que no, que no había ángeles mujeres.

-Pos a mi expícame entonces porque tiene esas tetas que ya las quisiera yo para un domingo. – y con ese argumento le tuvo que dar la razón y cinco varos a la Lupis.

Nunca se sabía porque se quedaba tanto tiempo mirando tan arriba. Hasta llegaron a pensar los otros compas que estaba mirando al cielo para encontrar a sus papás, pero no, la verdad es que se hacía preguntas más cabronas. Esa noche, una vez que se terminó el cigarro, se levantó y gritó con todas las fuerzas que le quedaban:

-¿Por qué no te vas? ¿Estás pendeja o qué? Tú que tienes alas, ¿a qué chingados te quedas? – y de pronto las lágrimas comenzaron a llenar su cara mugrosa.

La Lupis, que lo había escuchado todo, se acercó y lo abrazó con todas sus fuerzas.
           
-No es que sea pendeja – le aclaró al Rodo mientras le acariciaba su correosa y negra melena – lo que pasa es que nos cuida de los pinches polis culeros. Desde allá arriba se los chinga. Te digo que es vieja, por eso no nos va a abandonar. Ya no llores pinche Rodo.


La avenida quedó en silencio, parecía que hasta los peatones habían entendido la magnitud de aquel momento en que dos chamacos de seis años, habían alcanzado la madurez.



® 2017, Andrés Castuera-Micher. "Renglones que saben a Ciudad"