1/10/14

Todavía huele a sangre en Tlatelolco

No, no estuve allí,
antes que comiencen con eso...

No tuve la destreza de adelantar mi destino y esquivar
o alojar en mi pecho alguna de esas balas.

No he contado muertos o vivos,
sin embargo a ambos: a vivos y muertos he escuchado...

...esas voces encendidas en sesenta y ocho las oigo ahora,
pero solamente en la televisión
como artistas,
como divas,
contando sus historias al mejor postor.
Como si aquella historia pudiera
venderse...
Como cuerpo de prostituta
hablando de los muertos cuando habría que estarlos vengando..

Mientras tanto los muertos no pueden descansar.

Entre esas alcantarillas
en cada uno de los trozos de cemento
se escuchan voces.

Esas me han hablado del dolor del silencio,
de como duele no escuchar sus nombres,
no escuchar gritar a sus compañeros...

Les duele que el tres de octubre
se olvidó el dos...

Les duele el silencio 
y el olvido vuelve a matarlos y a matarlas...

Se preguntan:
¿Dónde han quedado?
¿Por qué han dejado de luchar?
¿Quién les ha llegado al precio?

Los cuerpos se quemaron – dicen.

Pero todavía sigue ardiendo el espíritu de aquellos
ese que no se hizo cenizas
y que sigue vagando en esa plaza,
y que ven a los niños que juegan entre almas muertas.

Para conmemorar la sangre anónima
se develó una placa
en esa plaza de las Tres Culturas:
(la muerte, la intolerancia y la estupidez)

Sin embargo es inmenso el sepulcro sellado
con la lápida del temor y el olvido...

¡Todavía huele a sangre en Tlatelolco!..

® 1997, Andrés Castuera-Micher, Mi país Roto.