17/7/09

In my way

De vez en cuando…
losacentosestorbaban
los espacios sobraban
y la palabra quería existir. Después de todo, era una palabra sumamente conocida, en elmediodelasletras… la habían dicho los más letrados...
El caso es que estaba la palabrita… con intenciones de nacer (creo que los acentos no querían trabajar) y estaba apuntodeescribirse…

Sólo dos personas habían escuchado esa palabra… y una de ellas (que era sorda) había muerto, y sólo la que sobrevivió (que era muda) sería capaz de pronunciarla...

Ante la paradoja de esos seres desgraciadamente desgraciados, sólo quedaba la posibilidad de escribirse… la palabrita buscó por todas las hojas un renglón piadoso o quizá un margen desordenado…
el único escritorcapazdeatreverse a escribirla, se había refugiado en un monasterio... y había hecho un voto de castidad, nada tenía que ver con el problema de la palabra, el problema realmente era que el monje nunca supo escribir…
…y en ese claustro, la palabra había encontrado su fin, nunca sentiría la emoción de ser acosada por un signodeadmiración... el suspenso de unos puntosjuntadosengrupos de a tres…

decidí como testigo inapelable de la tragedia de a cajita… ceder mi ultimo renglón para que la palabra se manifieste tal como es:

S

…en qué momento se acaba la tinta.



Andrés Castuera-Micher

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