5/8/09

El precio de dos torres u once de septiembre de dosmil uno


¿Cuánto valen tus dos torres de acero latino, de hierro de esclavos, de ventanas empañadas con aliento de salarios miserables?

¿Acaso valen esos tabiques apilados en pos de la soberbia,
tan solo dos alientos, de los tantos que se han decidido apagar
bajo el yugo de las invasiones en pro de esa libertad con acuse de recibo?

Te cambio tu martes once de septiembre,
aunque titubea la memoria,
por ese martes once de septiembre
en el que tus aviones,
bombardeaban la democracia que se gritaba en Chile…
…esos escombros que querían callar a Allende… ese sí era un martes,
ese sí era un once de septiembre…

Te cambio tus dos torres, esas que cayeron
como todo aquello que por su propio peso cae...
te las cambio por un suspiro muerto de hambre
olvidado en Somalia,
por ese grito encadenado con sabor a una Nicaragua libre,
por esas lunas sin luna del Panamá anhelante...
por esa Honduras ahorcada por tu ansia de callar su democracia…

Te doy, por esas toneladas de polvo de dolor en tus calles,
de la gran manzana multiforme, por esas, te doy la estrella roja
violada en Yugoslavia.
La hoz profanada por el falo comprado de la Perestroika.
Te doy dos estrellas robadas del lienzo de dos banderas:
La nacida en Puerto Rico y la que se pintaba antes de tu llegada en aquellas calles de Israel...

Te cambio tus torres, esos dos símbolos de poder prestado al portador,
y si te duele el crujir de los tabiques,
a mí me duele el gran estallido de oriente,
el que nadie recuerda, del que CNN se olvidó,
esos si eran tabiques, ese si era polvo.
Polvo de un lado a otro.
Tus torres gemelas las cambio, por esas
ruinas tan iguales en Hiroshima, en Nagasaki...

Te compro el polvo en Manhattan, con la Colombia ofendida por tus consumistas de polvo blanco inconformes,
con tres granos de tierra de Haití,
con tres noches llamadas Sarajevo...

Quiero contar las vidas que cayeron de esas ventanas,
de esos tantos pisos de vida sin vida y luego contar a cambio las vidas
que no vieron la vida por las balas color rojo, blanco y estrellado...

Quiero cambiarte ese grito de víctima creada,
la puñalada que tú mismo te has dado y la falsa lástima,
por la miseria real que regaste en el África...


¿Cuánto vale tu orgullo ofendido por la ley de Goliat?
¿Acaso merece tu llanto, el consuelo que no tuvieron los deudos de tus guerras?
Esas con que justificas tu gloria sobre el muro débil.

Te quiero comprar tu cimiente de razas marginadas,
regadas por el mundo libre,
pero de otro tipo de libertad.
Y voy a pagarte con cada negro golpeado en tus calles,
con esos latinos muertos en silencio por matar asesinos blancos...

Y Cuba…
Cuba no cabe en este poema, no te alcanzan todos tus edificios para pagarle esa eterna deuda…

El precio de tus torres, ¿cómo pretendes cobrarlo?
si fue como pena de muerte, en que juez y parte
sentenciaron el silencio de las voces a gritos.

¿Cuánto vales América para los americanos?

Si en Dios ustedes creen...
...que su dios, víctima y victimario,
sea el albañil de tus torres,
tenga misericordia de tus abusos...

En Dios ustedes creen...
...dios ha cobrado con tus torres.


®Andrés Castuera-Micher, 11/09/01.
Publicado en Círculo Cromático, 2006.

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