05/02/10

Colibrí y Flor (cuento corto de Andrés Castuera-Micher)


Caminando, separados entre las mantarayas de niebla en que se volvieron hoy mis sábanas tras tu ausencia. Buscando un centímetro de ti en el vacío más grande, equivalente a la habitación mas pequeña. Estoy escuchando tus pasos antes de irte y antes de que caminaras meneándote como si te despidieras para siempre.
Como Adán y Eva, Gaby y Wendy, se habían entregado a un miedo insuperable: dejar amarse sin moral. Como el dragón y el unicornio. Gaby de metal, Wendy de madera, dando a “mujer” un significado de un mundo con sede en la calle Edison 91 cuarto 7 y que colindaba con ningún lado. Aunque la pequeña ventana daba a San Cosme.

Un martes, como cualquiera, Wendy encontró ese par de piernas con las rodillas chuecas, la piel lisa y morena; y poco después encontraría los ojos de quien días mas tarde se llamaría Gaby en esa solidaridad del secreto. De esos secretos que sólo son de dos.

Si subieras la escalera conmigo, una no muy larga que nos llevara a ningún lado. No al vacío: A ningún lado.

El noticiero en la televisión de la cafetería, decía cosas que a ninguna de las dos, sin saberlo mutuamente, les interesaban. Ese televisor de esa cafetería donde el bisquet y el café con leche descafeinado iban y venían de los labios de Gaby como si la soledad fuese un acto de valentía y una lucha constante contra la nata.
Wendy y sus ojos eran un columpio entre la diversión y el poder.Iban de la franja blanca de las pantaletas asomadas de Gaby pasando por el blanco del azúcar asentada al fondo de la taza, luego el blanco de los dientes mordiendo el blanco de las entrañas del bisquet.

Ojala tu soledad y mi libertad pudieran fusionarse y hacer una receta nueva.
¿Te has preguntado a dónde va la humanidad cuando una mujer se enamora de alguien que no es un hombre? o ¿Dónde está dios cuando te penetro con mis dedos hasta tocar tu vientre indeciso? ¿Dónde están ellos cuando triunfamos sobre su género?

Quizá solo algún dios antiguo, como Quetzalcóatl o Ra, podía presenciarlas y bendecirlas. ¿Dónde estaba Victor cuando subía la escalera de tus muslos y tus rodillas. Las subiría y la bajaría una docena de veces sin que se enterara el mundo, cualquiera o al menos tu mundo convencional.

“She loves you” se escuchaba en el radio, como un presagio de Lennon al oído de Gaby, quien no se había percatado que al salir del café su sombra llevaba compañía, y no fue hasta el track siete del álbum rojo, en que el silencio, la ubicación de la parada del camión y la calle vacía la hicieron voltear e inevitablemente verla.

No hubo palabras.

Tres cuadras después, en la calle Edison, habían llegado los besos y las promesas a olvidar y el anillo quemando el dedo en la mano izquierda de Gaby, pero a Wendy no le interesó saber de Victor.

Déjame ser siempre tu canción, quiero ¡Oh, sí! ¡Quiero esos senos por siempre que son tan exactos como la pequeña serenata diurna de Mozart!, tan salvajes como la quinta sinfonía de Bethoveen, tu nombre y el mío Wendy y Gaby serán nuestra propia sinfonía secreta, con un ritmo propio y natural.

-¡Que mi novio me encuentre besando a otro, mas bien a otra. – Decía la conciencia del estúpido mundo superficial de Gaby.

Mientras tanto en el mundo azul de Wendy los besos se derramaban en la piel de la espalda de aquel dragón que se negaba a ver los ojos de un unicornio desnudo.

El suicidio anunciado de néctares entrecruzados, el purgatorio tan lejos del cielo y ellas tan cerca de lo que nunca ha existido y que era ahora tangible.

Pecho a pecho, pelvis con pelvis. Las piernas de Gaby temblaban de placer y un poco de miedo. Wendy, con un triunfo no deseado. descubrió el anillo dorado en el dedo adecuado, en la mano adecuada y entonces: Gaby tuvo que irse, repentinamente y a medio vestir.

Por toda la calle Edison se perdió hasta no verse mas entre la poca gente que caminaba a esa hora, ignorando la historia que se escribía. La sombra de Wendy detrás, no fue suficiente para que Gaby volteara al menos una vez.

Mis lágrimas son ahora tu peor sueño y en este mundo alquilado por cien pesos te dejo mi amor, mi vagina abierta, mi libertad mancillada y mis alas rotas, que bello fue tenerte en este mundo azul.

Como una absurda obra de Ionesco, el destino vestido de payaso, la ausencia en traje de gala y nuestra historia enterrada boca arriba con el catafalco entreabierto.

No paso debajo de una escalera para no encontrarte y no rompo espejos. Pero igual estas aquí, donde vivo y muero.

Desde entonces, el unicornio quiere ser devorado por el dragón como en aquella tarde devorabas el pan mojado por la leche.

Wendy vierte dos cucharadas de azúcar a su taza de café con leche descafeinado, muerde su bisquet y suspira, ya no le importa la nata.

3 comentarios:

  1. sii¡¡devorada por un dragon¡¡, divino.

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  2. Colibrí: Amante de flores. Flor: amada del colibrí. Safo de Lesbo estaría contenta.

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  3. ese es el hotel verdad???, el cuento perfecto, para el hotel perfecto, me encanto!!!

    el que esta cerca del metro?, recuerdo cuando pasamos y me contaste de él y la lluvia, de las ganas de escribir o filmar ahi

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