5/7/10

Encrucijada



Encrucijada
A los tres que habían muerto parecía que los habían agarrado a balazos.
Tú, no podías dejar de gritar y como que no queriendo la cosa te tuve que tapar la boca para que dejaras de gritar.

- ¿O qué? – te decía - ¿quieres que los que acabemos baleados seamos nosotros?

Ya tu hermanito se había callado y dejado de llorar. Esa manía suya de usar esos estúpidos tenis blancos con caritas felices que ahora se tenían con el rojo-agua mugrosa.

Yo ni te conocía, pero se notaba que nunca habías escuchado el ruido de los balazos, de pronto, los que estaban escondidos detrás del puesto aledaño, deseaban a gritos que te dieran a ti para que te callaras, y es que tus gritos se oían en toda la cuadra, y los tipos armados seguían nerviosos disparando a todos lados.

Desde el interior del camión ya nadie gritaba, estaba lleno de muertos. Y de gente tomando fotografías de los cadáveres desde las ventanas, importaba más un puñado de “likes” que la vida misma…

Uno de los que habían causado todo salió corriendo en dirección a donde tú estabas llorando sobre el cuerpo de tu hermanito callado, muerto y callado…  Lo miraste de frente y yo escuché el ruido de otra bala…

Esos cabrones no saben hacer otra cosa, te dije, déjalos… Pero tu necedad yacía tirada en plena calzada, ante la indiferencia del paradero, el chavito, de la edad de tu hermano, seguía corriendo, más adelante, según esto, también lo mataron…

Yo me quité la chamarra para cubrirte a ti y la camisa para tapar el rostro de tu hermanito… Por eso es que estaba corriendo semidesnudo y lleno de sangre entre la gente… Pero el de la patrulla no me cree, dice que ya me cargó al chingada… Ojalá pudieras hablar y decirles que yo sólo estaba tapándote la boca para que no gritaras… Que ni te conocía pero que venía sentado atrás de ti mirando como te acomodabas el cabello mientras tu hermanito se recargaba en tu hombro…


® 2010, Andrés Castuera-Micher. Publicado en 2017 en el libro "Renglones que Saben a Ciudad"


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