24/7/16

Primera Epístola de Magdala

Mi muy querido y estimado Señor Jesús:

Esta noche no he podido conciliar el sueño
el episodio que nos ha hecho coincidir
me tiene incómoda y confusa,
se lo confieso.

Debió dejar que yo los enfrentará
¿Qué le hace pensar que no podía con ellos?
¿Qué le hizo creer que esos hombres llenos de libido eran una amenaza para mí?

Me ha dejado como una tonta frente a todo un pueblo,
Debe saber que cómo  esos, he domado a varios,
que en verdad estaban desesperados porque fueron descubiertos por sus esposas
porque su hombría fue puesta en cuestión
porque no pueden imaginar a sus esposas haciendo lo que ellos pagan por hacer conmigo
pero sin  paga y con amor...

Debió dejarlos intentar lapidarme a pedradas
que nos lapiden a todas, si ese es el precio de ser tratadas como esclavas...

Sepa usted, mi ingenuo Jesús,
que tengo puños, saliva y otros modos de escupir,
sepa usted que cada piedra en verdad sería una lápida para ser vengada más tarde,
por las demás, por las que esperan....

En todo caso,
debió dejarme a mi
arrojar la primera piedra a todos los presentes,
incluido usted con su rostro de niño tierno
 y su mirada de que no sabe nada, o no quiere saberlo, de este mundo...

Yo estoy libre de pecado,
o los que usted y los otros llaman pecado, a mi no me causan esclavitud alguna..


yo podría arrojar una loza del tamaño de mi pureza
y lapidar a ese pueblo de hombres y bestias...

En tal caso, la libertad le puede parecer pecado.

Yo no tengo nada que esconder
son ellos los que se esconden en mi lecho
en mi cama y en mi sexo de la mediocridad que los rodea...

Yo soy una mujer que sabe entregar lo justo
sin entregarlo todo...

Me hizo usted ver débil, mi estimado señor
me hizo parecer que necesito de un hombre para defenderme de los otros
y cree, no obstante, que me salvó...

Déjeme arrojar mis propias rocas
deje de librarme de pecados propios y ajenos...

Si volvemos a encontrarnos en situación similar,
arroje una piedra al que usted quiera,
verá como los demás corren a esconderse...

O venga un día de estos,
a conocer mi trinchera,
verá que tenemos mucho más que piedras
verá que somos invencibles, verá que sabemos como y porqué luchar..

Pero no se interponga de esa forma,
porque le van a caer las piedras,
las de ellos y las nuestras...

No vuelva a perdonarme enfrente de todos,
puede confundirlos
y hacerles creer que necesito su perdón o el de cualquiera,
¿en tal caso, quién le facultó a usted, para condenarme o exonerarme?

Y por favor, no se le ocurra hablar de lo sucedido a nadie,
no es lo que queremos que se sepa,
no vaya a ser que luego cualquier hombre vaya por la vida
queriendo salvarnos del primero que crea que tienen derecho a tirarnos piedras...

Fraternalmente, María Magdalena.

© 2016, Andrés, Castuera-Micher, "Cartas desde Magdala"
IMAGEN:

© 20012, @MUSAMOLONA "MARÍA MAGDALENA D’APRÈS CARAVAGGIO PERO LIGHT, O SEA CON 0% DE CARAVAGGIO"

https://musamolona.com/

1 comentario:

  1. Qué gran descripción de lo que sentimos muchas veces las mujeres al ser "defendidas" de situaciones que los mismos agresores crearon, por ignorancia o simplemente por verse superior a nuestras propias capacidades. Simplemente bello Andrés. Cariños ����

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