Se abrió el elevador del hospital,
sigo sin saber que estoy haciendo aquí…
…me estaba esperando mi novia de cuando tenía diecisiete años.
¿Cómo va a ser posible si nos amamos tanto?
Estabas idéntica…
caminamos por el patio del hospital,
me pediste que me quedara contigo a cuidar a tu sobrinito enfermo
(sigo sin saber que hago aquí).
Hablaste de una misión en la vida y que tú y yo la cumpliríamos juntos.
…de puntillas por el pasillo del hospital...
(Roxana, sigo sin saber que hago aquí)
Usabas el dije con la mitad de corazón que te regale cuando cumplimos seis, y aún tiene grabada mi inicial.
-¿Sabes? – Te dije – es doloroso estar aquí porque presiento que te irás.
Que miedo me daba echar a perder mi sueño pensando en mi mugrosa y miserable realidad. Roxana nunca regresó y recorrí los pasillos de los hospitales de la ciudad, como si lo relevante hubiera sido el hospital.
(Sigo sin saber que hago aquí).
Andrés Castuera-Micher

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