¿Ser o no ser?
Hamlet tras su honorable muerte a manos de una traición engalanada entre laureles, había sido condenado a regresar al mundo en pleno siglo XXI y fue soltado en plena avenida Paseo de la Reforma.
Con su ropaje negro y su barba pintoresca miraba el obelisco de la independencia preguntándose si aquel ángel había hecho tan mal para ser condenado a esa celda de oro perpetuo.
Lejos de asustarse por la imprudencia de los conductores del transporte público Hamlet se reía de aquellas bestias enjauladas aplastándose las unas a las otras y le impresionaba aún mas el estado en que se encontraban los músicos: sucios y en la calle sin que nadie los escuchara.
Hamlet clamaría justicia y buscaría a como diera lugar al comendador del reino de la "eme amarilla con fondo rojo" cuyos estandartes se alzaban soberbiamente por toda la comarca.
Enardecido por la injusticia, aquel renacentista de locura oculta, irrumpió en el palacio de “M” exigiendo que el tirano de ese lugar le diera la cara.
Enardecido por la injusticia, aquel renacentista de locura oculta, irrumpió en el palacio de “M” exigiendo que el tirano de ese lugar le diera la cara.
Se paró frente a una de las doncellas raramente vestidas, al entender de Hamlet, una de las tantas que recibían las quejas del pueblo hambriento e inconforme a quienes callaban con una miserable ración de carne y pan.
- ¿Ser o no ser? – preguntó a la doncella.
- ¿Papas y refresco grande por dos pesos más? – respondió.
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