22/11/11

En algún lugar... el arcoíris


Seis de la mañana, primero de enero de 2011.  Xavier camina sobre la acera de Paseo de la Reforma en búsqueda de algún Oxxo, Extra, Seven Eleven, en fin, la primera que encuentre; ya son tantas las tiendas de veinticuatro horas que, cualquiera será buena para comprar alguna comida de microondas, una coca de seiscientos mililitros y una caja de sus, cada vez más injustamente caros, Marlboro rojos duros.

La cruda de la cena de año nuevo se le nota en sus ojos llenos de violeta en los pómulos; sus casi sesenta años, no le permiten disimular el letargo al caminar. Contribuye, a la imagen desoladora, esa tos añeja que ya no es la de alguien de cuarenta y tantos años.

Xavier no suele celebrar nunca el año nuevo, sus teorías son varias: La primera dice entre líneas que deberíamos terminar de echar a perder bien el año antes de que nos den uno nuevo para darle en la madre. Incluso alguna vez agregó más hojitas, a su calendario de la barbacoa; le puso al azar hojas viejas de otros meses y creó así el mes trece con días significativos: el ocho de marzo, el siete de septiembre, el catorce de abril, el dos de octubre, el once de septiembre y el catorce de mayo, entre otros; según él, si alguien hacía un mes con los días que habían valido la pena, sería mucho más disfrutable que un enero lleno de frustraciones, crisis económica y cruda emocional.

Por ello, solía hacer su mes trece o catorce de ser necesario, y comenzar el año nuevo a mediados de febrero. Finalmente lo tenía muy claro, celebrar un nuevo año el primero de enero no era más que una convención gregoriana y ¿por qué iba a seguir las doctrinas cronológicas de una iglesia para la cual ni Xavier ni ninguno de sus amigos más entrañables eran dignos de formar parte? O lo que es peor, el de un clero que ahora había salido del clóset con la guadaña de homofóbico y mataputos. Ante la razón citada anteriormente, cualquier otra teoría resulta poca cosa, pero cabe señalar que tenía varios motivos para no celebrar el año nuevo.

Esta vez fue distinto, contrario a las anti tradiciones de Xavi, reunió a tantos amigos y amigas como pudo en su pequeño departamento de la Cuauhtémoc y celebró como si hubiera juntado al mismo tiempo todas las fiestas de año nuevo que había dejado pendientes.

Se detuvo frente a lo que muchos llaman el Ángel de la Independencia, a la que cariñosamente él nombra la Ángela del Vips y no pudo evitar que los recuerdos invadieran sus ojos cansados. ¿Cuántos cafés había tomado en ese sitio? ¿Cuántos ligues clandestinos tuvieron lugar frente a esa columna?

Y de los recuerdos cachondos y felices, cuando se detuvo en la calle de Niza, comenzaron las memorias dolorosas: las razias, las madrizas, las noches en“el torito”, las subidas a “las julias”, las corretizas en la Roma… Todo lo queuno se ganaba por ser gay en los ochenta.

Las lágrimas terminaron por traicionar a Xavier. A sus 59 años era la primera vez que lloraba de coraje y nostalgia al mismo tiempo. ¿Qué le había hecho él a la gente para que lo odiaran tanto? No pudo evitar llevarse la mano a la cicatriz en su mejilla derecha que ya los años habían desvanecido, pero que en la memoria no había dejado de doler. Era la bota negra y dura de un policía azul que, en una de tantas, le propinó una patada en la jeta. Antes el uniformado le había escupido en la cara y le había preguntado si no le daba pena ser puto y andar besándose con otro cabrón a lo que Xavi había levantado la cara diciendo: “Más pena me daría ser un pinche poli joto que se madrea a los que no tienen pena de serlo”.

Hay quienes, hasta el día de hoy, dicen que se ganó la patada por hocicón, pero él siempre replica que más vale un puto con huevos que uno con uniforme. Lo que es cierto es que después de esa humillación, la vida de Xavi dio un giro irreversible: Decidió que nunca más nadie le escupiría y mucho menos lo humillaría por ser diferente. En esos tiempos la palabra “diferente” era la única que se le venía a la mente, ya más entrada su lucha usaría términos mucho más valientes y sociológicamente correctos.

Una vez adquirida su coca, burritos de carne deshebrada y cigarros, encendió uno y emprendió el camino de regreso a su guarida, donde algunos todavía yacían encuerados o con los calzones rojos a medio poner en los sillones de la sala o, los más afortunados en la pequeña tina del baño. La mayoría de las chavas y chavos en la fiesta de ayer oscilaban entre los diecinueve y veintisiete años, pertenecían a lo que Xavi llamaba la nueva bancada gay.

No pudo detenerse, entre fumada y fumada, a pensar en lo fácil que les había tocado a los chamacos y chamacas ser “de ambiente” en estos días. A lo sumo se tenían que haber enfrentado a su familia, pero eso era a huevo sino querías quedarte en el clóset, eso les tocaba a todos. Pero a esta generación ya le tocaron antros abiertamente de onda, tables, restaurantes, sex shops, cines exclusivos, hoteles, caray, hasta pueden irse besando en el metro sin que nadie les diga nada.

Aunque muchos se mueran de ganas de escupirles, pegarles o sacarlos del vagón, ya no se puede. Ahora los pinches polis se tienen que chingar y joderse al que escupe, golpea o insulta a uno o una como Xavi. No era que Xavier se encabronara porque ahora ser gay hasta se haya vuelto una moda, al contrario, sentía chingón que la partida de madre que se dieron todos sus cuates, cuatas y demás agremiados, hoy les hiciera la vida un poco más liviana a otros y otras que, a lo mejor con las condiciones en las que él y los suyos tuvieron que soportar, se hubieran quedado siempre con las ganas de ser felices tal y como son.

Ya de regreso en Reforma se topó con los recuerdos de las más de treinta marchas por el orgullo gay en las que había participado y reflexionaba en cómo éstas habían pasado de ser un acto de visibilización y proscripción pública, a un evento de solidaridad, y que hoy en día eran casi una festividad tirando a carnaval.

Nunca olvidaría la más reciente, en la que un grupo de madres coreaba a garganta abierta: “Es un honor tener un hijo gay”, acto que en su momento y, de nuevo hoy en su caminata, le había conmovido hasta las lágrimas, porque no podía negar que le hubiera encantado escuchar a doña Elisa, su madre, al menos susurrarlo, quien, por el contrario, murió con la firme idea de que prefería un hijo muerto que un hijo puto, y a la que, por si fuera poco, tuvo que velar desde un café a una cuadra del Gayoso, ante la amenaza de sus familiares de correrlo a patadas si se atrevía a entrar en la capilla. Dicho sea de paso, nos hemos encontrado con otra de las razones por las que Xavi no solía celebrar el año nuevo.

Xavier levantó la mirada para ver a su Ángela del Vips, a la que, días atrás, había visto iluminada totalmente de color fucsia, para, según esto, conmemorar el Día Internacional de la Lucha contra el VIH. Al margen de esa causa, para él había significado mucho que el símbolo de la independencia nacional de México luciera de ese color ante los ojos de todas y todos.

Aquel día, esa imagen, le hizo decidirse de una vez por todas a celebrar el año nuevo por primera vez en mucho tiempo; pero también, ese día, pensó mucho en Guido, su compañero durante casi veinte años, quien, precisamente, había muerto de SIDA y que, orgulloso de su estado, solía decir a los médicos: es mejor morir en el hospital que encerrado en el clóset.

La muerte de Guido, inspiró a muchos a seguir adelante, él había sido uno de los primeros en formar comités de lucha por los derechos de las personas con VIH, siempre fue un ejemplo a seguir, y seguramente algo tuvo que ver en que, a diez años de distancia, esas luces rosadas se elevaran en todo lo alto, resaltando a la Ángela del Vips.

Hoy, Guido no estaba físicamente en la primera fiesta de año nuevo de Xavi, pero por supuesto que había una copa extra con uvas y champagne, dispuesta para su memoria. Xavier no podía negar la nostalgia que le traía mirar aquella fotografía en la pared al momento de las doce campanadas, pero, acto seguido, besó, con toda la pasión que pudo, a Rubén, su esposo. ¡Como le gustaba decirle esposo! presentarlo así en todos lados, ir colgado del brazo de su marido cuarentón, guapo y calvo.

Cuando llegó a la esquina de su casa, no pudo evitar ver al voceador del periódico Reforma que se disponía a comenzar su jornada de trabajo, la curiosidad lo hizo asomarse a la primera plana del primer periódico del año; sin embargo, detuvo su impulso ante un egoísmo poco común en él, pero que esta vez consideraba necesario: Los muertos, la violencia, la impunidad… todo eso tendría que esperar. Su motivo de ver este año de un modo diferente le impedía contagiarse de la mugre cotidiana estampada en los diarios. Tan sólo pensó en su teoría y se sonrió para sí mismo pensando: “¿para que empezar un año nuevo si todavía sobraban motivos para echar a perder el anterior?”.

Todas y todos los presentes al momento del brindis esperaban ansiosos el discurso de Xavier, quien no hizo más que levantar su copa y decir con voz entrecortada: “Salud, amigas y amigos, porque este año hemos encontrado, en algún lugar, el arcoíris”.

El silencio y el llanto entre las y los presentes dejaba claro que, aunque había mucho camino por recorrer, aunque este año en nada cambiaría la mentalidad obtusa de algunas de sus familias ni la tendencia de ciertas empresas a despedir gente por sus preferencia sexual y a pesar de que la homofobia del clero iba en aumento, era innegable que por primera vez en sus vidas podrían llamar esposo o esposa al ser con quien habían decidido compartir su vida, le pesara a quien le pesara. Xavier sabía que en ese año y en los que le quedaran de vida al lado de su segundo amor, Rubén, por fin podría gritar a los cuatro vientos “Soy gay”, sin tener que llevar una pancarta y las manos empuñadas, tan sólo gritarlo de la mano de su esposo.


4 comentarios:

  1. siempre es un placer leerte Andrés.
    Siempre sabes sacar una sonrisa, una lagrima, una reflexión, un sentimiento...
    Gracias por seguir dedicándote a esto que es lo tuyo, y dejar que tus palabras nos lleguen...

    Isaias Avilés

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  2. FELICIDADES!! EXCELENTE!! SIN PALABRAS

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  3. Excelente texto !! El mundo necesita muchos Xavis

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  4. Excelente escrito....es para pensar lo dificil que resulta ser humano

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