15/8/12

Mario



No es que Mario fuera escritor, solía no escribir nada en su trayecto diario de Pantitlán a Patriotismo. Siempre definió esa hora diaria de su vida cómo la más monótona. Había memorizado los nombres e íconos de cada estación y a cada parada verificaba si había llegado a la estación correcta.

Deseaba algún día equivocarse o que la abeja de Chilpancingo, se echará a volar y ver cómo la gente gritaba y corría por todos lados.

Pero ese día, Mario entendería que ningún día es igual al anterior. Resumiendo: aquel diecisiete de mayo, se volvería poeta sin saberlo.

El convoy terminaba su paseo por los puentes de la Cd. de los Deportes y estaba por entrar al túnel después de la siguiente parada, lo que, en la memoria de Mario, aseguraba que la siguiente estación era Velódromo, como de costumbre abrió los ojos para confirmarlo.

Cómo una aparición, Ella, la de la blusa escotada café y la falda larga que mostraba sus tobillos, se sentó frente a él. Menciono los tobillos por que se perdió en ellos más tiempo del que cualquiera podría dedicar a unos tobillos e imaginó cada centímetro de sus piernas e incluso sus rodillas, con un estudio profundo del espacio entre la falda (también café) y la cinta de las sandalias.

En Jamaica ya había visto sus manos, contado sus dedos y descubierto que su blusa tenía veintidós flores de un café un poco más claro, con el polen delineado en un verde olivo maravilloso.

Lo que Mario no vio hasta Chabacano, es que Ella había estado mirándole como él la miraba, e incluso puso en sus audífonos la música adecuada para disfrutarlo.

Antes del cierre de puertas, pudo ver el cabello negro por debajo del hombro y los ojos cafés, del mismo color de la línea que tomaba todos los días, un color que, hasta ese momento, sólo le recordaba el trayecto de su casa a la escuela y viceversa.

A partir de hoy, tendría otra idea del café, era el color de esos ojos. Ella le sostuvo la mirada cuarenta y cuatro segundos hasta que, Mario, terminó confirmando que el piso de los vagones no es totalmente blanco. Ella sonrío esperando el siguiente encuentro.

Mario tomó la decisión más importante en sus diecinueve años de vida. Se enamoró. Y Ella tendría que saberlo. Fue levantando su cabeza poco a poco, pero el cuello no le respondía, era un cuello tímido. Cuando lo logró, ella seguía sonriendo. Las piernas de Mario no le obedecieron, se quedó sentado y las palabras se le olvidaron.

Desesperado, al ver que el tren se iba de Lázaro Cárdenas, sacó su cuaderno y escribió en una hoja arrugada veintidós palabras que, en resumen, le decían a Ella que era el amor de su vida y firmaba diciendo que no estaba dispuesto a seguir sin tomarle la mano y caminar a su lado el resto de su vida.

Terminó el poema…  los siguientes tres minutos, el valor no llegó al asiento de Mario… Ella estaba esperando ese papel, sabía que le pertenecía.

El tren hizo su arribo a Centro Médico, Ella se levantó, Mario sintió la sangre hirviendo, ella salió a través las puertas, pero, después de la multitud que salía a empujones, se detuvo, estaba esperando algo…

El timbre de las puertas le sonó a Mario en los oídos como la peor de las despedidas. Un impulso de su corazón lo expulsó del asiento como resorte, justo en el momento que las puertas estaban por cerrarse; lo más que pudo hacer fue estirar la mano, pero el cierre fue más rápido y el golpe de las gomas negras tiró el poema de su mano.

El poema salió del vagón, pero Mario y su historia se quedaron adentro.

En el avance lento del metro, pudo ver que Ella levantó la hoja de papel, la abrió y comenzó a leerla…


Esto nadie me lo contó, lo vieron estos ojos que se han de comer los gusanos, y si no, pongan atención, hay un hombre de aproximadamente treinta años, que siempre va escribiendo poemas entre Velódromo y Centro Médico, esperando entregárselos al amor de su vida.

®Andrés Castuera-Micher (2012)
Publicado en la revista "Merolico" Número 3, Junio 2012.
Publicado en el libro "Renglones que saben a Ciudad" 2017.

2 comentarios:

  1. Hace tiempo q no me conmovia tanto....quiza por imaginarlo nitidamente con palabas de amor escurriendo entre sus dedos..... y pensando q ella se quedo por un instante esperando el tren del otro lado.....pensando q el...se volveria a buscarla....eso piensa una...digo,por si lo vuelves a ver.

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  2. Vaya!! Hermosa historia para darle sentido a un lugar que por lo menos a mi me desagrada, el metro.

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