29/05/10

Semáforo



Semáforo


…y el trayecto no había cambiado, misma calle, misma hora.


Si todos fueran tan puntuales como tú, estoy seguro que el mundo giraría sobre su propio eje y las cosas tendrían un equilibrio de espanto pero a ti, a ti que te importa mi opinión del mundo y la opinión del mundo acerca de mí.


Tu bastón está más viejo cada vez. Si dejaras de golpear a los que quieren ultrajarte y te entregaras a ese deseo tuyo tan oculto, yo podría acompañarte… tu precisión para detenerte frente a la luz roja me enchina la piel y esa mirada tuya como si el rojo te devolviera la vista por unos segundos no dejará nunca de excitarme, por un momento dejo de escuchar a los clientes inconformes por la tardanza de un desayuno informal.


Así pasas siempre. Como si en la escuela te hubieran enseñado a ignorarme y de seguro que me has visto al menos una vez así como tu ves al semáforo. ¿quién fuera semáforo? Puedo sentirlo, de nuevo te he puesto nerviosa aunque tratas de culpar al tráfico y a la imprudencia de los microbuseros. Tus pies ansiosos marcan paso a paso como manecillas que estas por cruzar y tendré que esperar hasta que regrese y anhelar que el rojo te detenga frente a mí setenta segundos y que no se me haya ocurrido ir al baño y entonces pueda verte… ¡Espera! ¡Espera! Aún no, tengo todavía siete segundos… ¡Pero! ¿Qué pasa? ¡El rojo sigue allí!..


Tenías que acabar así… arrollada por tu primer día de inexactitud.



Andrés Castuera-Micher

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada