
Yo confieso
Yo no he visto a ningún muerto que resucite. Las manos todavía olían a sangre y la sangre todavía olía a culpa.
.-Arrepiéntete y dios habrá de perdonarte
Dijo el sacerdote oculto en la comodidad de su recinto “confesional” desde donde pensaba en aquella catequista de ojos verdes ignorando los ojos llenos de odio de Martín.
-¿Dios me perdona padre por haber matado a mi hermano?
Las respuestas del cura dieron a Martín la seguridad de empuñar su pistola. El cura se acomodaba las gafas como si esto acelerara la imagen de Clara arrodillada ante su sexo.
- No me entiende- prosiguió – no me arrepiento padre, lo maté y quiero que dios me perdone, porque de todos modos lo hubiera matado algún día.
El padre se disponía a meter la mano dentro de su sotana para homenajear a aquella imagen desnuda en su mente.
- No me entiende padre – prosiguió Martín con la vida hecha pedazos…
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